Brian Hare y Vanessa Woods: Genios. Los perros son más inteligentes de lo que pensamos.

Título original: The Genius of Dogs. How dogs are smarter than you think.
Idioma original: Inglés
Año: 2013
Editorial: Plume / KNS Ediciones
Género: Ciencia divulgativa
Valoración: Recomendable
Me topé con este libro por casualidad en el aeropuerto internacional de Miami, en una de esas librerías aeroportuarias que casi por definición son re-cutres y están repletas de revistas del corazón, bestsellers casposos, recopilaciones de sudokus y regalos para niños con precios desorbitados. Estaba buscando algo entretenido para las 8 horas de vuelo que tenía por delante, y este libro, con su portada que ostentaba la cara bobalicona de un perrete junto con la afirmación “NEW YORK TIMES BESTSELLER”, parecía un buen candidato.
Conocía a Brian Hare por su trabajo con chimpancés, que ha supuesto un cambio de paradigma en el formato de los experimentos sobre cognición social en grandes simios (para los más frikis: Hare introdujo el uso de paradigmas competitivos, en los que chimpancés tienen que competir entre sí para conseguir comida, en vez de pedírsela a los experimentadores, consiguiendo así una mayor validez ecológica y unos resultados mucho más jugosos – más información aquí). Había leído algún artículo suelto suyo, y sabía también que su investigación acerca de la cognición perruna (o dognition) era bien valorada entre el gremio. Mis ganas de comprármelo aumentaban.
Uno de los empleados de la librería re-cutre aeroportuaria me vio hojeando el libro y me comentó: “Yo me lo leí y me encantó. Si te gustan los perros, seguro que lo disfrutarás.” Desconozco el nivel de sinceridad con el que profirió esta frase, pero lo cierto es que terminó de convencerme. He de confesar, pues, antes de nada, que soy una amante de los animales en general, y que los cánidos en particular son mi más absoluta debilidad. Así que la perspectiva de leer un libro sobre la mente de los perros me resultaba extremadamente apetecible.
Desembolsé la cantidad necesaria y comencé a sumergirme en sus páginas mientras esperaba para embarcar. Soy bastante fan de la ciencia divulgativa en general. Mis amigos más frikis están hartos de que les recomiende El gen egoísta y El instinto del lenguaje, entre otros. Este libro tenía toda la pinta de poder entrar de lleno en mi lista de libros-de-ciencia-divulgativa-recomendables-para-gente-un-poco-friki-como-yo, y efectivamente, así ha sido. Es un libro de ciencia, sí, pero perfectamente accesible para el común de los mortales. Leyéndolo aprendemos cómo evolucionaron los perros de los lobos a través de una especie de auto-domesticación, por qué a pesar de ser los animales que mejor se comunican con los hombres son incapaces de entender el mecanismo de una simple correa, por qué no tiene sentido hablar de las razas “más inteligentes” o “más agresivas”, qué es lo que tienen en común con los bonobos y qué les diferencia de los lobos, si se puede hablar de empatía o de sentimientos de culpa en ellos, cómo se organizan y se comportan los perros salvajes, y un largo etcétera. Todo muy interesante, escrito de una manera amena y ligera, aderezado además con multitud de anécdotas fascinantes y divertidas acerca de la trayectoria intelectual de Brian Hare.
Y si mola tanto, ¿por qué es sólo “recomendable”? Pues por dos razones. La primera es que, a pesar de que contiene mucha información interesante, es un poco excesivamente introductorio desde mi punto de vista. Eché de menos que el autor se mojara un pelín más, que entrara en diálogo con algunos de los científicos que defienden ideas contrarias a las suyas, y también que se pusiera a veces un pelín más técnico, pues tuve la sensación de que se quedaba en la superficie de los asuntos, que no terminaba de expresar tanto los presupuestos como las implicaciones de aquello que defendía. Al final del libro hay muchas notas que tratan de suplir esta carencia, es cierto, pero mientras estás leyendo el libro es muy enervante tener que andar yendo hacia el final constantemente (y más cuando no vienen señalizadas y no sabes cuándo habrá nota y cuándo no), y si tratas de leerlas cuando ya has terminado el libro (como hice yo), se vuelven un poco enigmáticas porque no terminas de recordar a qué parte del libro se refiere cada una. Creo que podría haberlas integrado en el texto principal, volviéndolo quizá un poquito más difícil, pero siendo aun así perfectamente comprensible para el público en general.
La segunda razón por la que no termina de pasar de “recomendable” es que soy consciente de que la mente de los animales no le resulta a todo el mundo tan fascinante como a mí (por increíble que me parezca). Así que, en el fondo, todo este rollazo que os estoy soltando se resume en la idea que tan elocuentemente expresó el empleado de la librería re-cutre del aeropuerto internacional de Miami:
“Yo me lo leí y me encantó. Si te gustan los perros, seguro que lo disfrutarás.”