Alberto Chimal: Manos de lumbre

Portada Manos de lumbre. Libros Prohibidos.

Año: 2018
Editorial:
Páginas de Espuma
Género: Relato (fantasía)

Relatos cimentados en la inquietud

Manos de lumbre es mi segunda incursión en el relato de autor mexicano Alberto Chimal, que publicó en 2016 Los atacantes, una inusual joyita del terror breve. ¡Por supuesto que tenía ganas de leer esta nueva colección! Sin embargo, me encuentro con un libro que, tanto en su planteamiento como en su tono, es muy diferente al anterior. Diría, es más, que difiere casi de forma radical. Ahora os explico el porqué.

Son seis relatos los que componen Manos de lumbre. Si algo tienen en común la mayoría, es la incursión en el fantástico en puridad; es decir, aquel en el que se hace uso de la vacilación del lector, que no sabe si lo que está leyendo es algo simplemente raro o de fuera de este mundo. Pero, en honor a la verdad, son tan solo la mayoría. Hay algunos en los que no encontramos siquiera esta vacilación y en los que llegamos a deducirla casi por contexto, por quién es el autor, por cómo son el resto de los relatos. Así que, en realidad, el eje sobre el que oscilan es la inquietud. Porque de eso hay, y mucho. Sea la inquietud del personaje, la del lector o la del narrador que observa y desvela, es esta sensación la que ambienta y da color a todos los relatos. Es cierto que en muchos casos es precisamente este empleo del elemento fantástico el que da lugar a la inquietud, al desasosiego, pero en otras ocasiones es más bien la tensión ante lo que pueda pasar. De nuevo, muchos tipos de tensión: tensión en el lector, tensión narrativa (que se acumula y se tensa de una forma muy elocuente en los relatos), tensión conflictiva en los personajes. En los temas y en la forma poco tienen que ver.

¿Por qué, me pregunto, este mal rato no puede simplemente pasar? ¿Por qué no se acaba esta dificultad? ¿Por qué, ahora, insisten todos en pedir mi opinión, cuestionarme, acusarme? ¿Por qué he recibido más llamadas por este asunto ahora que por cualquiera de mis libros? ¿De verdad es tan importante? (de «Los Leones del Norte»)

Los relatos breves

Hablemos, ahora, de cada uno de los relatos de Manos de lumbre en particular. Se abre el libro con «Los Leones del Norte», el apunte obsesivo de un escritor al que han pillado tras plagiar. Es interesante sobre todo por su afincamiento en la repetición, en la autojustificación constante que parece formar parte de un juicio. En lo que a estructura se refiere, sus repeticiones y su forma de volver sobre el mismo punto ayudan a crear una atmósfera muy concreta que oscila entre la angustia (inevitable por la tensión) y el desapego (porque, a fin de cuentas, el autor no deja de recordar a otros acusados de plagio que no son santo de la devoción de nadie). Pero, aún reconociéndole todo esto, debo decir que no me dijo mucho; no me interesa demasiado el mito del escritor romántico, por así decirlo, en su torre, creativo pero no mucho, compungido por la incomprensión de mundo ante su talento. Así y todo, es una buena muestra de lo que os contaba antes: me es casi imposible ubicar este relato en un género que no sea el narrativo.

Manos de lumbre. Portada Los atacantes. Libros ProhibidosSeguimos con «Una historia de éxito». De nuevo: obsesión, repetición constante, una primera persona que se justifica frente a alguien. Esta vez, se trata de una madre que habla de su hija. Me gustó más. Hay muchos elementos de silencio y una utilización del narrador no fiable muy inteligente; al mismo tiempo, supone una intrusión muy brusca de lo raro, de lo atípico, que le sienta muy bien al texto. «Marina» me parece, con diferencia, el mejor relato corto de Manos de lumbre, pese a que hable de ciertos temas que no me llaman demasiado como lectora. Es interesante, su final es abierto y no rompe el ambiente que se ha creado con frases concretas y, durante toda su realización, se produce un vaivén fantástico entre el desagrado y la intriga. Lo cierto es que es el relato que más se parece a lo que yo me esperaba cuando comencé a leer la recopilación, así que tal vez por eso lo disfruté tanto. Dentro de los últimos tres relatos, «Final feliz» es el único que se asemeja en longitud a los ya comentados, así que dejo los otros dos para la siguiente parte de la crítica. Con este relato tengo sentimientos encontrados. Representa bien lo que os comenté de la tensión en el relato a raíz de la posible aparición de lo fantástico, pero no terminé de disfrutar. Lo que cuenta no me interesaba, la historia del Curandero de las Estrellas no me podía resultar más lejana y, aunque el final es sorprendente, tampoco lo es tanto como para cambiar la percepción del resto del cuento. Es decir, que me dejó fría.

Cuando yo nací, mi tío Pablo tenía veintitrés años. Estudiaba en la Facultad de Ingeniería, le gustaba la música, apoyaba al movimiento zapatista y lo secuestró un ovni.
Según él. (de «Voy hacia el cielo»)

Los relatos largos

En última instancia, hay en Manos de lumbre dos relatos más largos, el primero de los cuales es «La segunda Celeste». Si en «Marina» os decía que era mi relato corto predilecto, aquí os puedo decir que este es el mejor relato del libro. Esta historia ―de una mujer que se somete a un tratamiento experimental como última opción ante su inminente muerte― es la ejecución solvente de una idea prometedora. Con la introducción de elementos de, ahora sí, lo que podríamos llamar ciencia ficción, resulta en un ejercicio inteligente, con una importante carga dramática. Sin embargo, es también una historia con componente divertido y, algo que me resulta muy importante: posee un final abierto que Chimal no busca fulminar con ningún elemento brusco. Sí: es, con mucho, el mejor relato de la recopilación. Ahora tan solo queda hablar de «Voy hacia el cielo». De este cuento, lo que más interesante resulta es la utilización constante de intertextualidad musical y la escasa fiabilidad que la narradora siente por la historia que cuenta. Es decir, no es que ella no sea fiable, sino que es la historia la que no lo es. Esto aporta al texto mucha ligereza formal y hace que cambie la forma en que se expone todo lo ocurrido. Un relato muy disfrutable que hay que coger con desconfianza.

A modo de conclusión: disfruté más de la lectura de Los atacantes, pero hay aquí relatos que merecen mucho la pena. Así que si os gusta Chimal, Manos de lumbre es una opción a considerar, aunque ya os advierto de que difiere mucho de aquello que tal vez os esperéis. Es una recopilación decente, con relatos buenos y relatos más flojos, como suele ser habitual; pero, en suma, no resulta una mala elección.

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