Miriam Jiménez Iriarte: Ayantek

Ayantek. Libros Prohibidos

Año: 2019
Editorial: Insólita
Género:
 Novela (fantasía)

Obra perteneciente a la sección oficial de los Premios Guillermo de Baskerville 2019

Perderte en Ayantek será tu perdición

Hace ahora más o menos un año, Insólita anunció que iba a publicar la primera novela de Miriam Jiménez Iriarte, y desde entonces llevaba con las orejas tiesas esperándolo, como mi perro cuando sabe que alguien se acerca a la puerta de casa. Esto se debe al impacto que me supuso leer a esta autora ganadora del I Premio Ripley de relato con «Granja-357». Era tan arrollador el ímpetu de su narrativa que me moría de ganas de leer más. Hoy, un par de meses después de su publicación, por fin os puedo hablar de Ayantek, su primera novela.

A pesar de descender de muchas generaciones de Bendecidos, Kora no logra despertar el Don. Es la hija del director de la escuela de sanación de Avacornis y, cuando su padre muera, se verá obligada a vivir en el barrio de los Durmientes, el estrato más bajo de la sociedad. Maese Fiacco lleva una doble vida. Por un lado, es profesor en la escuela de sanación. Por otro, realiza experimentos clandestinos con los niños que Puño le proporciona. De Asterkia dicen que es amiga de los marginados. Que es consumidora de Fuego y fornicadora. Dicen mucho y saben poco. Ella solo sabe que la ciudad prometida de Ayantek no es para ella. Sabe que, cuando muera, despertará en Ud-Haddkram con los demonios. Que así es como funcionan las cosas. Sin dinero, aquí solo eres comida para zamuris.

Y, como dije en el párrafo de presentación, yo iba buscando esa narrativa arrolladora; pues toma, dos toneles. Ayantek no se corta ni un pelo a la hora de zamarrear al lector; de hecho no conozco libro que lo consiga hasta tal extremo —bueno, sí, este, pero eso es algo de lo que se debería encargar el Tribunal de La Haya—. Miriam Jiménez Iriarte va con el cuchillo entre los dientes y espera de ti como lector que hagas lo propio, porque si no, vas a ser pasto de los zamuris. Y eso nunca es buena noticia. No es un libro cómodo, ni simple, ni agradable, es casi la definición de lo opuesto a todo eso. Más detalles a continuación.

Para empezar, Ayantek no te regala ningún detalle. Te suelta en mitad de este mundo del que se tienen tan pocas y contradictorias pistas que parece medieval o industrial y que al mismo tiempo no es ni una cosa ni la otra. Es un inicio tan abrupto que casi podría decirse que lleva el in media res un paso más allá. También muy pronto empiezan a aparecer nombres, tanto de personajes, como de lugares, como de instituciones, como de criaturas y referencias religiosas o mitológicas, y tú, pobre ti, no tienes ni la más remota idea de de qué puede tratarse. Solo quieres seguir adelante porque la escritura de Miriam Jiménez Iriarte es frenética, impactante, ansiosa; te lleva cuesta abajo como por el tobogán gigante de un parque acuático donde en lugar de agua corre amoniaco. Y en la piscina te esperan pirañas radioactivas. Si no hay piedad para los personajes ni para el mundo que los contiene, mucho menos para ti, como comprenderás, pobre lector.

Ayantek. Calle. Libros ProhibidosLa sensación de haberte perdido no se queda en la falta de detalles —o en el desorden de los mismos—. La autora aumenta la dosis de desorientación agregando un terrible escenario de oscuridad y suciedad, como poco, arduos de asumir. La ciudad de Avacornis, aquella en la que parte la acción, apenas se consigue atisbar. Tiene lo peor de las ciudades de pesadilla: hiede, sus calles son tortuosas hasta el marasmo y está atestada de seres despreciables; humanos y no humanos. Y, al mismo tiempo, no deja de ser real y creíble. No entiendo cómo Jiménez Iriarte lo consigue, qué artimaña literaria utiliza, pero este mundo es verosímil a la vez que imposible. Sí, estoy fascinado.

Si no coloco a Ayantek entre mis lecturas del año es por el tercer elemento del trípode que utiliza la autora para crear esa atmósfera oscura y esa sensación de crudeza y desorientación. Me estoy refiriendo al asco, la incomodidad. Como me ocurre con Los idiotas, de Lars von Trier —o la más reciente miniserie Chernobyl—, de esta obra me gusta todo y mucho, pero a la vez me causa repulsión. La autora zarandea al lector, quiere hacerle sentir mal tal vez como forma de provocarle una catarsis y conseguir que cale mejor el mensaje. Es tanta la repugnancia que es capaz de despertar, son tantos los malos rollos, es tanta la inclemencia, que no he encontrado placer al leer. Y yo no suelo tener demasiados remilgos con esto, que he leído y visto de todo. Esto es algo pretendido al 100% por la autora y estoy convencido de que logrará encandilar a los más cañeros, pero, en ocasiones, he de reconocer que ha sido un poquito demasiado para mí y ha lastrado mi entusiasmo.

Dijeron que un mastín con las fauces cosidas había escapado de la perrera y después había explotado. Dijeron que sucedió en mitad de la plaza, cuando todos se retiraban. Era el día de la Ofrenda. Llovieron vísceras y armaduras reventadas que se desparramaban sobre tejados rotos. Cogieron deprisa las armas. Salieron fuera en tropel, los guardias y Subikan. Encontraron cadáveres esparcidos que cubrían la plaza, carne reducida a pulpa y cráteres negros en el suelo.

Una experiencia más allá de las páginas

Todo esto para decir que mientras lees este libro vives una situación que podríamos definir como maltrato lector. No quieres seguir leyendo porque el texto te machaca, pero necesitas seguir adelante para saber qué ocurre. Al mismo tiempo, resulta que lo que ocurre tampoco es placentero, pero bájate tú ahora del tobogán. Esta sensación de amor y odio, de contigo pero sin ti, de nuevo, refuerza la potencia dramática y lo vuelve todo todavía más oscuro. Es una obra que, en cierta forma, considero metanarrativa, ya que te hace partícipe de la historia, te hace revivir las sensaciones con solo ver al libro en la mesa, esperándote, castigándote psíquicamente, pasivo-agresivo, el muy hijo de la gran p

Escucha el silencio que llega como viento helado. Se abraza a los barrotes de hierro y llora sin parar. Porque es débil. Porque piensa en su futuro cuando su padre muera. Porque vivirá en el barrio Durmiente, en los mismos callejones donde se esconden los mendigos. Sin protección. Sin dinero. Y no puede detener las lágrimas porque tiene miedo, cada día, desde que se levanta hasta que se acuesta. Tiene miedo de los zamuris, de la Voz, de maese Fiacco, de vivir como una Durmiente.

En resumen, tenéis que leer a Miriam Jiménez Iriarte y estar atentos a todo lo que escriba. Es una escritora lovecraftiana —por lo colosal, lo poderoso y lo fascinante—, con una capacidad para atrapar al lector, y ya no solo transmitir emociones, sino crearlas de la nada, fuera de lo común. Ayantek en ningún caso parece una primera novela.

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Fotos: Kasper Rasmussen. Unsplash