Rudolf Caracciola: Titán del automovilismo

Título original: Meine Welt
Idioma original: Alemán
Año: 1958
Editorial: Macadán Libros (2015)
Traductor: Antonio García-Gross
Género: Autobiografía
Valoración: Está bien

Con una inmejorable presentación, perfecto adelanto de una más que cuidada edición (lo que parece ser el distintivo de Macadán Libros), nos llega esta obra, la biografía del piloto Rudolf Caracciola: Titán del automovilismo. Se trata de un título que, de entrada, sería difícil que yo eligiera para mis lecturas (de hecho, antes de recibirlo no tenía ni idea de la existencia de este señor), pero dado que esta editorial ha escogido la ardua tarea de sólo publicar libros relacionados con el mundo del motor (rareza de las que nos chiflan), no nos quedó más remedio que acogerlo. Además, y aun a riesgo de resultar repetitivo, la edición es tan bonita.

Rudolf Caracciola fue un corredor alemán de los años 20 y 30. Fue una época especialmente difícil para este tipo de eventos, que estaban en la edad de las cavernas comparados con ahora. Alemania se encontraba empobrecida por la Primera Guerra Mundial y por las deudas que contrajo a modo de multas con los países vencedores del conflicto. Sin embargo, los entusiastas del motor seguían luchando para hacerse un hueco entre las aficiones de la gente. Caracciola, que de muchacho tuvo que salir huyendo de su ciudad natal por una discusión con un soldado belga, entró a trabajar para Mercedes, y de ahí dio el salto a las carreras, mostrando unas cualidades al volante fuera de lo común. No en vano, es considerado por muchos como el mejor piloto de todos los tiempos.

En las 250 páginas de esta autobiografía, el bueno de Rudolf realiza, sin pretenderlo, un curioso retrato de la época. Los pilotos llevaban una vida de cine llena de glamour, saraos de todo tipo (donde no faltaba tabaco, alcohol y váyase a saber qué más), donde se codeaban con gente importante, políticos, actores, etc. Eran algo así como los astronautas de la época, y la gente los adoraba. También es verdad, todo hay que decirlo, que se jugaban la vida en cada carrera (asombra la cantidad de muertes que Caracciola describe).

En lo referente a la importancia de los pilotos para la sociedad de la época, el autor apenas da detalles de lo que, en principio, más chicha podría tener en esta autobiografía: su relación con el nazismo. Caracciola pasa sobre el tema casi de puntillas, dedicándole a esto apenas un capítulo. Aunque conoció en persona a Hitler y a la mayor parte de los peces gordos del partido, habla con frialdad de ellos, manteniendo la distancia y diciendo que le parecían temibles y un tanto absurdos. Caracciola se refugia siempre en un discurso apolítico, y en el hecho de que él residía en Suiza (y no en Alemania como le correspondería a un patriota). De todos modos, en este libro pasa por alto su pertenencia al NSKK, una organización paramilitar del partido Nazi dedicada a motos y coches.

Dejando la polémica a un lado, lo que más me sorprendió (para bien) de esta obra, fue lo ágil que encontré la narración. Entiendo que un piloto debe estar acostumbrado a fluir sobre el asfalto, pero no imaginé lo entretenida y amena que se me iba a hacer su lectura. Me pareció especialmente remarcable el interés que Caracciola es capaz de despertar tanto cuando relata carreras en concreto (de esto hay un montón), como cuando nos cuenta la dolorosa recuperación de la lesión que a punto estuvo de retirarle.

En fin, nos encontramos ante una obra destinada, en principio, para un público reducido, pero que puede resultar interesante para aquellos que, como yo, quieran darle una oportunidad a una faceta histórica desconocida por completo.