Alexis Brito Delgado: Soldado de fortuna

Título completo: Soldado de fortuna. Las aventuras de Konrad Stark
Año:
 2013
Editorial: DLorean Ediciones
Género: Novela histórica
Valoración: Infumable

El título que hoy tratamos nos llegó por parte de su autor, cosa que, aunque luego pueda parecer lo contrario, agradecemos; un libro siempre es un regalo querido. La presentación de la obra, Soldado de fortuna, a continuación.

Son los años de las guerras napoleónicas (principios del siglo XIX). Los campos y las ciudades de Europa están sumidos en un caos donde reinan los más sórdidos personajes, como el mercenario sajón Konrad Stark. A través de sus aventuras conoceremos distintos capítulos de estas guerras en múltiples puntos del viejo continente.

Bajo estas prometedoras premisas para un libro de aventuras, arranca Soldado de fortuna. Sin embargo, la novela no aprovecha estos, a priori, jugosos ingredientes, sino que nos ofrece una historia torpe y machacona desde la primera página. Su principal problema es, sin duda, que el único centro gravitacional sobre el que gira la trama es el protagonista, Konrad Stark. Es el único personaje principal del libro, pues el resto del reparto es una caterva de secundarios que flotan alrededor de él como entes sin gracia. Estos tienen dos únicas opciones: ser seducidos por Stark (si son mujeres u hombres homosexuales), o plegarse bajo la sombra de la incontinente hombría del protagonista. Con respecto a esto último, Stark se pasa todo el libro perdonándole la vida a cualquiera que se atreve a cruzar más de dos frases con él. Con decir que le perdona la vida al mismísimo Napoleón, ya pueden ir haciéndose una idea aproximada de lo que hablo. No, no es broma.

Konrad Stark va mucho más allá del estereotipo de macho alfa. El mercenario se nos presenta como un tipo antipático, pendenciero y abusón hasta el hartazgo, que raya la psicopatía en su afán por mostrar lo bien puestos que los tiene a cada mínima ocasión que se le presenta. No es que estemos hablando de un antihéroe, sino de un desequilibrado que entiende la violencia como único argumento para cualquier situación.

Además, Stark siempre gana, ya sea peleando, en una batalla, amenazando, huyendo, jugando, o con las mujeres. El tema de las damas es caso aparte, ya que todas (TODAS) las que aparecen en el libro desean con urgencia tener al protagonista dentro. No importa que este acabe de asesinar a su marido o que su propia vida haya estado corriendo peligro un par de minutos antes de encontrarse a solas con él.

Y como no existe una línea argumental entre capítulos que se salga de las diferentes aventuras de Stark a lo largo de las guerras napoleónicas, no me queda más remedio que seguir hablando de él (muy a mi pesar). La perfección de su técnica de combate es tal que, aproximadamente desde que comienza el segundo capítulo, el lector tiene la certeza de que nada ni nadie va a ser capaz de hacerle daño. Creo haber contado dos o tres rasguños sin importancia en toda la obra (y las escenas de acción no son pocas, precisamente), mientras que el número de muertos a sus espaldas es imposible de cuantificar. Con semejante superioridad marcial, comprobamos con estupor que en todo el libro no hay ni un solo giro argumental: Stark-es-el-mejor-gana-siempre-y-punto-pelota. Esto convierte la lectura de Soldado de fortuna en una experiencia previsible, repetitiva y, desde muy pronto, y sintiéndolo mucho, aburrida.

Haciendo el esfuerzo de dejar a un lado al protagonista, queda muy poco de lo que hablar. La parte técnica (especialmente la de las distintas partes del barco), sí que está bastante bien documentada. Los hechos históricos también parecen estar relatados con fidelidad. Los diálogos, en cambio, son bastante pobres, repletos de clichés del estilo “os voy a sacar la piel a tiras“, o “moved el culo, hijos de mala madre“, que con tanta profusión se pueden encontrar en películas de piratas. Por otra parte, el lenguaje utilizado no siempre es adecuado. Por supuesto que las conversaciones entre mercenarios, corsarios y soldados deben ser rudas y zafias, pero en muchas ocasiones el narrador se contagia de esto, dando lugar a un desafortunado uso del lenguaje coloquial cuando no corresponde.

En fin, una lectura nada recomendable, sembrada de fallos garrafales imperdonables en un autor que no es novel (tiene otras dos novelas publicadas) y al que hay que exigirle bastante más que este prescindible Soldado de fortuna.