Álber Vázquez: Hambre a borbotones

Año: 2015
Editorial: Expediciones Polares
Género: Novela
Valoración: Está bien

El pulp está de moda. Qué se le va a hacer. Es una tendencia que no nos emociona, pero por más que protestamos el mundo sigue su curso y el pulp sigue de moda. No me malinterpreten; no quiero decir que toda obra que caiga dentro de este ¿género? tenga que ser necesariamente un engendro de la naturaleza. De hecho, para nuestra mayor sorpresa, de vez en cuando nos llega alguna pequeña joyita en este formato. Mi comentario viene a cuento de que no soy demasiado fan de la literatura de consumo rápido. Me gustan los libros para saborear, de esos que pretenden (y consiguen) dejar huella, que te hacen reflexionar acerca de los grandes temas de la humanidad. Ahora bien, dejando a un lado mis preferencias personales (y quizá un tanto frikis), les traigo hoy lo que sería una muestra del pulp llevado al extremo; uno de los libros más bestias con los que he tenido el gusto de toparme: Hambre a borbotones, de la jovencísima Expediciones polares (gracias por el ejemplar).

Cuando Alicia Bonet despertó, observó al hombre que dormía junto a ella y experimentó unos irrefrenables deseos de comérselo.

Así empieza Hambre a borbotones. La primera sorpresa que se lleva el lector es que eso de “comérselo” no es una metáfora, ni una forma elaborada de referirse al sexo oral. Qué va. Alicia Bonet es una caníbal. Sofisticada, elegante, bella y pija como pocas, pero caníbal al fin y al cabo. Así que ahoga a su efímero amante con la almohada y acto seguido se corta un par de filetitos de sus muslos y se los fríe para desayunar. ¿Os he comentado ya que este libro es muy bestia? No habéis visto nada.

La acción se desarrolla en la ciudad ficticia de Centenario, que cuenta con un departamento de policía sorprendentemente pequeño para la cantidad de jodidos colgados que podemos encontrar entre sus habitantes. Tenemos para dar y tomar: caníbales, asesinos en serie, secuestradores, pirómanos, violadores, científicos neonazis… Darse un paseo por aquí es como adentrarse en el subconsciente de Quentin Tarantino. Creo que no hay ninguna escena en que no tengamos a al menos un personaje follando, pensando en follar, matando o pensando en matar. Con semejantes ingredientes, se pueden imaginar, el cóctel es de lo más explosivo.

No falta acción en Hambre a borbotones; hay tantas muertes que uno rápidamente pierde la cuenta. Álber Vázquez no deja ni un segundo de respiro al lector, y esto, la verdad, mola. Te sientas a leer y en un ratito te has ventilado cincuenta páginas. Y aunque no se puede decir que sea un libro que deje buen sabor de boca (más bien te queda un regustillo como a hierro), en general es muy entretenido. El autor trata de llevarnos al límite y enfrentarnos a nuestra parte más salvaje. ¿Te comerías el clítoris de la mujer de tu vida si ella te lo suplicara?

Dejando a un lado el aroma gore que se respira en cada página, hay que decir que es una novela bastante cachonda. Como Álber Vázquez no pretende ser realista, ni tampoco hacernos pensar en exceso, uno se puede tomar a la ligera tanta muerte y tanta desgracia. No se llega a empatizar realmente con ninguna de las víctimas porque el autor no da tregua. Ni es su intención. También ayuda que haya bastantes toques de humor y una sensiblería casi nula. El estilo de Vázquez es ligero, sin florituras. Cambia constantemente de primera a segunda persona, como si el narrador mantuviera diálogos con los personajes. Esto es peculiar, y cuesta un poco acostumbrarse, pero se le acaba cogiendo el tranquillo y contribuye a todo el rollo no-nos-tomemos-esto-demasiado-en-serio-y-sigamos-matando.

Ahora, las pegas. Para mi gusto la narración es demasiado reiterativa. Entiendo que en el pulp se trata de que el lector pueda seguir la historia con el mínimo esfuerzo, pero aquí se da la información demasiado masticada (y nunca mejor dicho). No necesito, por ejemplo, que se me explique cuatro o cinco veces que el hermano de Alicia Bonet es tonto y ella es lista. Con que se me diga una vez basta. Incluso mejor si no se me cuenta, y simplemente se me muestra a través de sus acciones y palabras. Esta tendencia a remarcar los datos importantes se diluye, menos mal, en el último tercio del libro, cuando ya conocemos a los personajes y la acción está tan precipitada que no hay tiempo para más explicaciones.

Para finalizar, la pega que me impide darle a este libro el Recomendable que de otra manera se hubiera llevado. En la última página, tras un cliffhanger propio del mismísimo Robert Galbraith, nos encontramos (¡oh, horror!) con la siguiente inscripción:

“Hambre a borbotones” es la primera parte de una trilogía de novelas que se completará con los títulos “Monstruoso corazón ardiente” y “La venganza de Conejo Loco”. Dicha trilogía se reúne bajo el título genérico “Carne roja”.

No es la primera vez que nos damos de bruces con algo así. De hecho, es una práctica que desde Libros Prohibidos venimos denunciando. No hay nada de malo en escribir una trilogía, pero consideramos que el lector ha de saber de antemano dónde se mete. Así que, amigos, aquí va este aviso. Hambre a borbotones son 400 y pico páginas repletas de vísceras, sexo, asesinatos, todo cuesta abajo y sin frenos; una experiencia de lo más estimulante. Pero, ojo, si les gustan las historias cerradas (o si les marea la sangre), les recomiendo que sigan circulando. Para los demás, felices muertes.

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