Frank Herbert: Dune

Título original: Dune
Idioma original: Inglés
Año: 1965
Editorial: DeBolsillo
Género: Fantasía / Ciencia ficción
Valoración: Muy recomendable
Mucho, muchísimo tiempo llevaba deseando echarle el guante a este libro. Había oído hablar de Dune desde que era un chaval: que si había una peli (horrorosa) de David Lynch, que si luego hicieron una serie, que si es una saga imprescindible en el mundillo de la ciencia ficción. Tenía que hacerla mía como fuera, pero pasaba lo típico que nos pasa a los lectores empedernidos y demás ratones de biblioteca: ¡tantos libros y tan poca droga poco tiempo!
Gracias a Cristofer, mi mujer me lo regaló por mi cumpleaños y, tras unos meses esperando en la balda de lecturas pendientes, le tocó su turno. He de reconocer que soy un amante bandido de la ciencia ficción, así que no es de extrañar que me engachase desde la primera página (y no es el clásico tópico). Pero había otras cosas escondidas tras las dunas de Arrakis que terminaron de seducirme.
Dune narra la historia del joven Paul Atreides, heredero del ducado del mismo nombre, que acompaña a su familia y súbditos al nuevo destino impuesto por el emperador: el planeta Arrakis, más conocido como Dune. Este enclave, además de ser un peñasco varado en mitad de ningún sitio donde sólo hay desiertos y unos gusanazos gigantescos, contiene la valorada especia, la melange, codiciada por todo el universo conocido. Las intrigas imperiales con la casa rival (los Harkonnen, antiguos dueños de Arrakis), llevarán al padre de Paul a la desgracia, empujando al joven heredero al desierto junto a su madre, una miembro de una orden mística. Desde su nuevo paradero, Paul urdirá la venganza contra los enemigos de su padre, acechado de cerca por una ancestral profecía que le persigue.
Yo no sé vosotros, pero a mí esto me hace tilín cosa mala.
Vamos a lo que vamos. El primer arma letal que esconde Dune es el misterio absoluto en el que están impregnados los personajes, la realidad en la que viven, los motivos que les mueven, incluso las palabras que pronuncian. Desde la primera palabra, el misterio está presente, lo que irremisiblemente lleva a seguir leyendo para saber qué, cómo, cuándo, dónde y por qué. Esto está conseguido porque el autor da por hecho que el lector ya conoce de antemano todos los entresijos de esta sociedad galáctica y sus creencias. Y no se trata de un mundo plano y sin complejidad. Ni mucho menos.
El segundo dardo envenado directo a la psique del lector es que, pese a tratarse de una historia ambientada en un futuro en el que la “humanidad” controla la galaxia (esto es, ciencia-ficción pura), hay más fantasía que otra cosa. Los poderes mentales del protagonista y su madre, la (una vez más) misteriosa orden religiosa de la que es seguidora ella, y las constantes referencias a profecías, hacen de Dune un libro más de fantasía que de ciencia-ficción. Y, para mi gusto, una mezcla perfecta dispuesta a ser devorada página a página.
No me quiero olvidar de la profunda influencia que se nota que Dune ha ejercido en títulos posteriores del género, siendo el más evidente de todos Star Wars: Paul vive en un mundo desértico, posee unos misteriosos poderes de los que habla una mística profecía, y siendo todavía adolescente encabeza una rebelión contra las fuerzas del cruel emperador galáctico…
Además, y forma parte del tercer arma mortal de esta obra, los temas que rodean a la trama son intrincados y profundos. Mucho. Existen reglas, órdenes, cofradías, religiones, clanes, costumbres… que se ramifican sin cesar y que son mostrados y representados con maestría. Al igual que, en un principio, se exigía al lector el esfuerzo de comprender los detalles, poco a poco (y con un ritmo convenientemente pausado pero constante), se va conociendo todo. Porque no hay ni un sólo capitulo que sobre en sus casi 700 páginas. Puntazo a favor de Mr Herbert.
Como contrapartida, me he encontrado con un par de cositas negativas, siendo el autor “culpable” en sólo una de ellas. Esto último es el hecho de que, al hablar desde el principio de profecías por cumplir y de sueños que vaticinan el futuro, no resulta ninguna sorpresa el desenlace del libro. Es cierto que el narrador introduce cierta incertidumbre con los sueños premonitorios de distinto desenlace de Paul, pero aún así el final se ve venir desde casi el primer capítulo.
La otra cosita es COSAZA, pero no es culpa de Frank Herbert. Se trata de la horrenda versión con la que nos han obsequiado los amigos (ahora dudo si usar esta palabra para referirme a ellos) de DeBolsillo (grupo Penguin). Sonrojantes errores ortotipográficos, erratas de bulto, y desmanes de traducción propios de un manual de instrucciones chino, hacen de esta versión la peor que haya tenido que leer en mi vida, que ya es decir. Mis mayores felicitaciones al intrépido editor.
Eso es todo por mi parte. Y ahora, ¡a por el segundo!
PD: Reseña de la segunda parte, El mesías de Dune.