Escribir es mi trabajo

El post de hoy no trata de ningún libro en concreto. En realidad habla de todos los libros, y por eso es importante. Se encuadra dentro de la iniciativa #EscribirEsMiTrabajo, promovida por un grupo de bloggers literarios y escritores entre los que me incluyo. Pero ¿de qué va en realidad todo esto de escribir es mi trabajo? Ahora os lo explico.

Un tipo, al parecer bastante importante en el mundo del marketing online (no voy a mencionar su nombre ni lo voy a enlazar porque, precisamente, su objetivo es conseguir mucho tráfico y yo paso de seguirle el juego) ha publicado un post con una lista de los mejores diez sitios para descargas libros gratuitos en pdf. El post en sí no es gran cosa; tiene todos los parámetros necesarios para potenciar el posicionamiento y tal, pero su contenido es soso, su escritura es bastante pobre y en su contenido resuena el eco de lo vacío que está (se ve que ha tenido que estirar el tema hasta lo indecible para llegar al mínimo de palabras aconsejables por los gerifaltes del SEO). Y esto por no hablar de la ausencia de ética en todo esto, pero bueno, todo sea por conseguir tráfico y clientes, que es para lo que estamos, ¿verdad?

Escribir es mi trabajo. Libros Prohibidos. Imagen de David Goehring

Dame pan y dime gurú del marketing online

Para mí existe una clara diferenciación entre las personas que le dan una importancia a la ética y las que no, independientemente del campo al que se dediquen. Ha llegado un momento en mi vida en el que he decidido dar la espalda a las segundas, a las de el fin justifica los medios, a los del caiga quien caiga. No. En serio, por mentalidades como esta vivimos en un mundo tan injusto y desigual. Por muy bien que hagan su trabajo, si les dan igual las implicaciones éticas de su actividad, son personas prescindibles que no merecen ser escuchadas.

Muchas descargas, poca diversión

Lo que digo en este titular viene, además de porque me divierte un rato parafrasear a Eskorbuto, por tres motivos principales. Para empezar, esto de las descargas gratuitas de libros machaca el esfuerzo de los escritores (gente de a pie, normal y corriente), lo reduce hasta convertirlo en nada. Es cierto que suelo consolar a los autores con los que trabajo diciéndoles que lo que a ellos les interesa es tener lectores, independientemente de si pagan o no (si ganan lectores, es posible que en el futuro se conviertan en fieles y empiecen a valorar la obra como es debido). Pero de resignarse a la existencia de la piratería, a aguantar que exista gente que la promueva, hay un mundo.

Segundo: tirar por tierra el trabajo de otras personas, aunque en principio no tengan nada que ver con nosotros ni con nuestra profesión, es también tirarnos por tierra a nosotros mismos. No lo digo porque yo sea escritor ni porque defienda a los autores (de nuevo, la enorme mayoría de ellos son personas normales con las mismas vidas y problemas que el resto de los mortales); lo digo porque si empezamos a no valorar el trabajo de la gente común, llegará un momento en el que sea lícito que el trabajo de TODOS también se vea afectado por esta forma de pensar. Si normalizamos piratear la labor de otros, será normalizado, incluso bien visto, que nos pirateen a nosotros. Es tirar piedras sobre nuestro propio tejado mientras escupimos hacia arriba y nos disparamos al pie. No sé si estoy siendo suficientemente claro con esto.

Tercero, y no menos importante: si lo que queremos es tener productos artísticos de calidad (en este caso, libros), debemos apoyar a los autores. Y no hay mejor forma de apoyar a los autores que recompensando su trabajo con comentarios, con críticas constructivas, con visibilidad y, por supuesto, con el dinero que vale su obra, ni más ni menos. Si no valoramos el trabajo de los autores, corremos el riesgo de dirigirnos a una sociedad vacía y llena de basura que tratan de hacer pasar por arte. ¿Os suena?

¿Y tú, nunca te has descargado nada, listo?

Antes de que el cuñado de turno me lo pregunte, ya lo hago yo. Sí, he descargado música, películas y alguna serie, no estoy orgulloso de ello, pero así ha sido. No obstante, es algo que he dejado de hacer: hoy en día, con plataformas como Filmin, Netflix o Spotify, veo absurdo arriesgarse a adquirir la cantidad de malware que yo tenía en el ordenador con tanta descarga. La calidad es superior y el precio, razonable. Sí, porque pagar el precio de dos cubatas de garrafón o una camiseta que me va a durar tres lavados a cambio de un mes de todas las series y películas que me dé la gana NO es un mal precio. Pagar por cultura no es una mala inversión, es lo justo, como se paga por cualquier otra cosa.

En serio, y además, descargarse gratis un libro que cuesta 3 o 4 euros, que no va a ir a parar a manos de una gran multinacional, sino a las de un trabajador de a pie tan acosado por Hacienda como tú o como yo, es ruin y ridículo. Para colmo, esto no favorece en nada a la difusión de la cultura. Porque un libro no es lo mismo que una serie o una película que la descargas y la ves, sino que necesitas reservar una mayor cantidad de tiempo para ello (y con mayor esfuerzo que solo mirar una pantalla). Sinceramente, los libros que se descargan así tienen menos posibilidades de ser leídos que los que son pagados. La mayor parte terminan apilados en carpetas perdidas y nunca más se vuelve a saber de ellos. Eso no le hace ningún favor a la difusión de la cultura. Es más, y si me apuran, creo que las descargas ilegales de libros están ahí exclusivamente para gente vaga y aburrida.

En resumen, en Libros Prohibidos estamos en contra de estas webs de descargas, así que hacemos público lo que le decimos a cada uno que nos escribe pidiendo libros: ve a una librería o una biblioteca. Escribir es mi trabajo, el mío y el de otras muchas personas. Y así quiero que siga siendo.

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