Anna Starobinets: Una edad difícil

Título original: Переходный возраст
Idioma original: Ruso
Año: 2005
Editorial: Nevsky Prospects (2012)
Género: Relatos
Valoración: Muy recomendable

Hoy tengo el honor de inaugurar la Semana Starobinets con una crítica del primer libro de esta autora: Una edad difícil. Se trata de un compendio de relatos de terror fantástico que le valió la nominación al prestigioso premio Natsionalni Bestseller.

Comienzo confesando que no me gustan los libros de relatos. Un relato aislado sí, eso por supuesto. Escoger un cuento de Cortázar al azar y paladearlo con gusto. Pero los compendios de relatos me suelen dar pereza. Exigen comenzar una y otra vez, situarte de nuevo, volver a conocer a los personajes, etc. Ese momento de confusión hasta que te encuentras siempre me resulta algo tedioso, así que tener que enfrentarme a ello varias veces me suele echar para atrás.

Y sin embargo, tras leer Una edad difícil, estoy deseando volver a sumergirme en otro recopilatorio de relatos de Starobinets. ¿Cómo es eso posible? Creo que ha habido dos factores importantes que me han hecho disfrutar tanto de esta obra. El primero es que el estilo de Starobinets, aunque certero y elocuente, es siempre muy ligero. No se detiene en descripciones; da dos o tres detalles clave y consigue una atmósfera perfecta. Pero sobre todo, se le da de maravilla introducirte en cada nuevo cuento en un pispás. Así que ese momento de pereza se esfuma. Lees unas líneas y, ¡CHAS!, ya estás dentro. Qué digo dentro, fascinadito perdido. Miren si no:

No fue hasta al cabo de unos años que Marina se dio cuenta de que aquel día, un tórrido domingo de agosto en el que brillaba un sol implacable, fue el último día bueno de sus vidas. No feliz, sino simplemente bueno.

Creo que en mi vida he leído pocos comienzos tan inquietantes como este. Bueno, sí, quizá este otro:

Yasha Heine se despertó antes del amanecer, mucho antes de que sonara el despertador, a causa de una calma extraña que lo colmaba por dentro.

Decía que ha habido dos razones que me han permitido disfrutar especialmente de este libro. La segunda es que, aunque es un compendio de relatos, se lee casi, casi como una novela. Y es que cada historia es independiente, pero hay un extraño aura que las une a todas. Los protagonistas son siempre similares: personas de clase media, de vida mediocre, semi-infelices, con oscuras obsesiones y deseos aún más oscuros. Y cada cuento se desarrolla en una realidad inquietantemente parecida a la nuestra, pero con algún detalle clave alterado: en alguno, la naturaleza ha comenzado ha rebelarse contra el ser humano; en otro, la inteligencia artificial ha alcanzado límites insospechados; en otro, el sueño y la vigilia se mezclan, volviéndose indistinguibles. Starobinets siempre parte de las miserias humanas, de nuestro mundo pre-apocalíptico, altera una variable, y a ver qué pasa. Y el resultado es la sensación de permanecer en una misma y estremecedora realidad, aun habiendo cambiado de cuento.

Starobinets sabe manejar la mente del lector. Sabe engañarle, llevarle por donde ella quiere. Tiene un sentido del humor muy negro y muy ingenioso. Quiere que nos riamos en momentos inapropiados, y lo consigue. Y cuando busca sacudirnos, dejarnos boquiabiertos, hacer que nos estremezcamos de asco o de horror, también lo consigue. Basta un ejemplo para que vean hasta dónde se atreve a llegar la retorcida imaginación de esta escritora:

[…] Absorta, la niña hurga algo que está en la mesa con un trozo de cristal verde. A su derecha hay un tarro sucio de mayonesa, por cuyo fondo se arrastran lombrices de tierra, escarabajos de color naranja y negro, y un enorme sanjuanero.
Saca un escarabajo del tarro y lo pone panza arriba encima de la mesa. Tiene las manos sucias y regordetas, y mugre por debajo de las uñas. Sacando la lengua fruto de la tensión, corta el insecto en dos a lo largo de la panza con el cristal.
[…]
—Pero ¿no ves qué has hecho? —le digo—. Has matado al escarabajo. Su mamá va a ponerse muy triste.
Me quito las gafas oscuras y la miro a los ojos. Con tristeza y un poco de reproche. Por fin, su rostro se arruga en un puchero. Las lágrimas gotean en la mesa. Frunce los ojos.
—¿Sabes qué puedes hacer para que su mamá te perdone? —le digo.
—¿Qué?
—Tragarte el cristal.

La piel de gallina, amigos.

Sólo me queda decirles que lean a Starobinets. Les guste o no el formato relato, les guste o no el género de terror, tienen aquí a una autora de indudable originalidad y calidad literaria. Se la recomiendo con fervor.