Alicia Sánchez Martínez: Violeta en el jardín de fuego

Año: 2016
Editorial: Applehead Team
Género: Terror erótico
Valoración: Recomendable

Finalista de los Premios Guillermo de Baskerville 2016, categoría Novela

Seguimos con nuestra labor literaria y seguimos descubriendo nuevas editoriales independientes. Hoy le toca a Applehead Team que, pese a tan curioso nombre, son malagueños. Están especializados en el ensayo cinematográfico, lo que no les impide destaparse con diversas obras de ficción como Violeta, protagonista de esta entrada.

Dalia es una dominatrix bastante cañera que tiene como sirviente a Carlos, jefe de Sola, una madre coraje como tantas y tantas hay hoy en día. Ajena a todo esto, Violeta, la hija adolescente de Sola, una joven de dos metros y extrema delgadez con un importante déficit cognitivo (pero la asombrosa habilidad de ver el interior de los cuerpos), es feliz en su mundo sin saber que los caminos de todos estos personajes se cruzan donde ella se encuentra.

Dice la promo de la editorial que Violeta es la novela más sorprendente de 2016, frase que suena a eslogan vacío y repetido hasta el hartazgo, pero que en mi caso, que desde que empezó el año llevo leídos unos 80 libros (tanto publicados como en proceso de publicación), esto se cumple por completo. Es esa quizá la sensación predominante en el momento de leer este libro; sorpresa. Pero también desagrado, incomodidad, morbo, curiosidad (con una consecuente y extrañamente disfrutable culpa). Se trata de una lectura correosa, que se te pega al cuerpo como una criatura constrictora que no persigue ahogarte del todo. Es una experiencia rara, inclasificable, que te mantiene adherido a las páginas aunque no consigas explicarte por qué.

Hay una cosa segura, Violeta no es un libro para todos los públicos. Es duro, lleno de imágenes oscuras, malvadas, o directamente desenterradas del subconsciente. No es miedo lo que consigue, es otra cosa cercana al ya comentado desagrado/agrado, como el observar esas imágenes tripofóbicas de agujeros de las que es imposible separar la vista. Desde luego no se trata de una novela corriente. Yo iría un poco más allá atreviéndome a asegurar que tiene una originalidad desbordante, tanto la historia en sí como los personajes. Todo es auténtico aquí, no hay espacio para los lugares comunes, las situaciones ya vistas, ya leídas. De hecho, hay una especie de rechazo absoluto al cliché. Violeta es, por encima de todo, imprevisibilidad constante, para lo bueno y para lo malo.

No sería justo decir que el estilo adoptado es el que la historia requiere, ya que, y ahora viene lo mejor, Alicia Sánchez consigue con soltura lo más insólito: mantener la elegancia de la narración pese al profundo desagrado que es capaz de transmitir. El método es contundente: honestidad hiriente en las escenas más duras sin regodearse en lo macabro, como si fuera lo más normal del mundo, como si inyectar una toxina que mata lentamente fuera lo mismo que salir a comprar el pan. Así de simple. Así de complejo.

El final se desmadra un poco demasiado para mi gusto, y he aquí el mayor inconveniente que le encuentro. La construcción es impecable, el interés es un constante in crescendo desde un ya muy buen primer capítulo, consiguiendo una tensión máxima hacia mitad del paginado. Pero creo que el final no está a la altura; las distintas subtramas se distorsionan al converger y, aun sabiendo que tal vez se trate de algo únicamente personal, creo que se hacen demasiado surrealistas, o tal y como se empeñan a llamarlo algunos lumbreras, bizarras. Y es ahí donde la tan lograda verosimilitud se tuerce un tobillo, impidiendo cerrar el círculo a la perfección.