Libros Prohibidos

"Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma." Fahrenheit 451

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Robert Pirsig: Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta

Título original: Zen and the art of motorcycle maintenance
Idioma original: Inglés
Año:
1974
Editorial: Sexto Piso
Género: Novela+Ensayo+Autobiografía+Libro de Viajes
Valoración: Muy recomendable (pero con moderación)

Muy buenas.

Siempre que tengo la oportunidad, aprovecho para dar la tabarra a quien se me ponga a tiro con este libro, Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta (ZAMM). Así que no podría haber sido otra la elección para mi primera reseña en Libros Prohibidos. Además, puede decirse que se trata de un libro en cierto modo prohibido, al menos para los españoles, pues aunque la BBC lo denominara “el libro de filosofía más leído de todos los tiempos” y hasta David Lynch lo parafraseara en un capítulo de Twin Peaks, en España ha sido siempre muy difícil de conseguir. Hubo en los ’90 una no muy buena traducción editada en Sudamérica y hace tiempo descatalogada que apenas llegó al otro lado del Atlántico, y tuvieron que pasar 34 años desde su publicación en 1974 para que pudiéramos disfrutar en España de una buena traducción, edición y distribución de este clásico, gracias a la editorial mexicana Sexto Piso.

Pero ¿de qué estamos hablando? ¿”Libro de filosofía” y “muy leído” pueden estar en la misma frase? A ver, el título completo del libro es ZAMM: Una indagación sobre los valores y efectivamente la finalidad última de Robert Pirsig cuando lo escribió a finales de los ’60 era hacer reflexionar al lector sobre la pérdida de algunos valores (y auge de otros) que la sociedad occidental estaba experimentando en aquel momento. Pero el éxito del libro no radicó sólo en la agudeza de las ideas planteadas, sino precisamente en la forma en la que estaban planteadas. Su éxito fue ser el peor libro para los lectores obsesionados en clasificarlo todo, los lectores que no se dejan sorprender. ZAMM es todo un rompecabezas de géneros, un libro género-clasta, aunque si me obligaran a clasificarlo, diría que ZAMM  encaja en cuatro géneros diferentes, y por cada uno de ellos habría que dar una reseña diferente también:

Novela: el viaje de un hombre atormentado y con secretos que ni él mismo conoce; secretos que sólo descubrirá viajando a través de su país, de su tiempo, de sus amigos y de su hijo; secretos que cambiarán su vida y probablemente la del lector.

Libro de viajes: la historia de un road trip en moto de un padre y su hijo a través de los Estados Unidos, intentando adaptarse a los paisajes y los personajes que se van cruzando e intentado superar los problemas (externos e internos) que se van encontrando.

Autobiografía: el recorrido interior de un hombre que persigue, sin saberlo, encontrarse a sí mismo y encontrar a su hijo; un relato (o confesión) de (o desde) la locura, la duda, la genialidad, la frustración y, sobre todo, la paternidad.

Ensayo filosófico: la búsqueda personal de un sistema de pensamiento y de una forma de vida que aúnen, por fin, la Grecia Clásica y Estados Unidos, tradición y modernidad, arte y ciencia, naturaleza y tecnología, emoción y razón.

A estos géneros se les puede añadir el de “guía práctica para viajeros en moto”, pues Pirsig no escatima en detalles al contar las averías mecánicas que tienen que solucionar, los tipos de carreteras que intentan evitar, el equipaje más adecuado… Pero nada de esto es gratuito, todo elemento del libro es siempre aprovechado para alguna reflexión o para algún detalle de la trama. Porque los múltiples niveles o géneros que componen ZAMM no están simplemente superpuestos, sino que se encuentran totalmente entremezclados. Si alguien podía hacer algo tan difícil, ése era Robert Pirsig: niño prodigio que estudió bioquímica a los 15 en Estados Unidos y filosofía oriental a los 22 en la India y que más tarde se ganó la vida como profesor de literatura y como redactor de manuales de instrucciones. Casi nada.

Cuando leí ZAMM hace unos años, supuso una revelación para mí: toda la mezcolanza del libro no era sólo una cuestión literaria, sino que se extendía a la vida misma, a la forma de vivirla. Ofrecía una visión unitaria de casi todo, que se adaptaba mucho mejor a mis dudas e inquietudes de entonces que la visión tradicional que nos enseñan en el colegio. Supongo que no soy muy original, porque lo mismo se debió aplicar a las dudas e inquietudes generales de la sociedad americana de los ’70 para que tuviera tanto éxito entonces. Y estoy convencido de que podría tener el mismo éxito hoy en día.

Tal era mi entusiasmo cuando lo leí, que recomendaba ZAMM a diestro y siniestro y lo regalaba indiscriminadamente a familiares y amigos. Con el tiempo he aprendido a ser más cauto. Por supuesto que sigo recomendando que se lea (de ahí esta reseña), pero que se lea con precaución. ZAMM no es un libro para todos los públicos. Es un libro que engancha, que tiene una componente importante de intriga, de emoción, pero quizás su único inconveniente es que para dejarse atrapar por él hay que estar dispuesto a pensar. Probablemente ZAMM no sea un libro para leer al llegar a casa después de diez horas de trabajo mentalmente agotador; pero ¿qué buen libro lo es? Así que se puede decir de ZAMM (como de tantas otras cosas buenas de la vida): consúmase con moderación, pero ¡CONSÚMASE!

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Susu • 17/11/2014


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Comments

  1. Miguel 16/04/2016 - 00:35 Reply

    La mala traduccion que se hizo en “Sudamerica” puede tener que ver con que aca no se habla español castizo?. Porque noto ya en varias criticas generales de blogs españoles ese tipo de comentarios.. Cuando en España vivian otra epoca de oscurantismo (y van varias) en ‘Sudamerica’ se traducían libros que muchisimo mas tarde legaron a la península y tenían y tienen un nivel optimo, pero parece que ahora todas eran “malas traducciones”.
    Aparentemente luego del franquismo España vio la luz y desde ese momento lleva la antorcha de lo que esta bien o mal traducido, aunque segun me dicen los mismos españoles, se lee bastante menos y se transformo en un pais exportador de libros.
    Que poco respeto , de verdad, ya que esa frase tira abajo todo el resto. Evidentemente solo los españoles “traducen” bien (cuando algunos libros son realmente inentendibles al resto del mercado hispano)

    • Susu 19/04/2016 - 15:59 Reply

      Estimado Miguel, siento que te haya ofendido mi comentario en esta reseña sobre una traducción anterior del libro. En la frase a la que haces referencia hablo de una traducción que se hizo en los ’90 y que a mí no me gustó cuando intenté leerla. Efectivamente, menciono que esa traducción se editó en Sudamérica (en Chile, concretamente) pero sólo para explicar “que apenas llegó al otro lado del Atlántico”, y en ningún caso para insinuar que el hecho de que no proceda de España implique nada sobre su calidad. De hecho, en esa misma frase, a continuación, anoto que la nueva traducción que reseño y que sí me ha gustado procede de una editorial mexicana, Sexto Piso. Desconozco la nacionalidad del traductor, porque no me interesa, sólo sé que esta nueva traducción me ha gustado mucho más que la anterior. Y, sin embargo, es muy probable que el traductor no sea español, siendo editada en México.

      En esta página web admiramos mucho la labor de los traductores e intentamos visibilizarla. Cuando una traducción nos ha gustado lo decimos, y cuando creemos que puede mejorar también lo apuntamos. Hasta tenemos una etiqueta para clasificar las traducciones que no nos han gustado, que llamamos, en tono cómico, “traducciones calamitosas“. Estoy seguro de que muchas de las traducciones con esa etiqueta son españolas, pero, en cualquier caso, no llevamos la cuenta de cuáles son de dónde, porque no es un aspecto que juzguemos en esta web al leer los libros y reseñarlos. Sin embargo, curiosamente, algunas de las mejores traducciones que he leído y reseñado en esta web proceden de América Latina. Así que pido disculpas por si se ha podido malinterpretar mi comentario en esta reseña, pero te invito a que te pasees por nuestra web para que compruebes que no utilizamos ningún criterio de nacionalidad para valorar los libros que leemos.

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