Jean Giono: Nacimiento de la Odisea

Título original: Naissance de l’Odysée
Idioma original: Francés
Año:
1946
Editorial: Argos
Género: Novela
Valoración: Muy recomendable

Hoy vengo aquí en plan “indignado” a denunciar dos hechos muy tristes. Primero: que los hispanohablantes tengamos tan injustamente ignorado a Jean Giono. Segundo: que los hispanohablantes ya ni respetemos la opinión de Julio Cortázar.

Me explico.

Jean Giono (1895-1970) fue un escritor francés muy apreciado en su Provenza natal, de la que dicen que ha sido el mejor cantor y embajador literario. Giono escribió más de treinta novelas y libros de relatos, algo de teatro y poesía, y muchos ensayos y artículos periodísticos. Sin embargo, menos de diez de sus libros están traducidos al español y la mayoría de ellos llevan demasiado tiempo descatalogados. Podría decirse que Giono está olvidado en España y en Hispanoamérica. Pero es algo peor que eso, pues pese a su poca obra traducida, Giono probablemente esté en casi todas las librerías del mundo hispanohablante, sin que nadie lo sepa. ¿Cómo puede ser? La respuesta es El hombre que plantaba árboles, un relato sencillo y bellísimo con moraleja ecologista, publicado originalmente en 1954 en la revista Vogue (¡!) como The Man Who Planted Hope and Grew Happines. Todo un precursor del “desarrollo sostenible” que ha pasado a ser un clásico de ese curioso género de cuentos-para-niños-que-pueden-leer-adultos-o-cuentos-para-adultos-que-pueden-leer-niños, encabezado por El Principito. Así que este librito mundialmente conocido, que tiene hasta una versión cinematográfica, es lo que más ha perdurado de la obra de Jean Giono, pero la mayoría de los que lo leen, como me ocurrió a mí, ni siquiera sospechan que detrás hay un gran escritor con una gran obra.

A Julio Cortázar (1914-1984) no hace falta que lo presente, todos lo conocemos de sobra y todos admiramos su obra y su figura, pero de lo que nadie parece acordarse es de que, en su juventud, Cortázar tradujo Nacimiento de la Odisea, la primera novela de Jean Giono: una particular versión del poema homérico, escrita alrededor de 1925, que imagina cómo pudo haber surgido el mito de Ulises planteando una visión un tanto desmitificada del retorno a casa del héroe.

Así como Ulises volvía de la Guerra de Troya, Giono volvía, en los años ’20, de la Primera Guerra Mundial. Volvió poco a poco a lo largo de los años ’20, pues aunque su viaje de retorno no durara diez años como el de Ulises, a Giono le costó gran parte de la década posterior a la guerra recuperarse emocionalmente de ella, encontrar el camino de vuelta a sí mismo. Escribir Nacimiento de la Odisea le ayudó y, además, le abrió las puertas de una gran carrera literaria.

Esta novela aprovecha una peculiaridad de La Odisea muy discutida ya desde la Antigüedad: el hecho de que en el texto de Homero las aventuras fantásticas de Ulises sean únicamente narradas por él mismo, que hace que el lector no pueda tener la seguridad de que esas aventuras no se traten, en realidad, de unan ficción dentro de la ficción general del poema épico, sobre todo siendo Ulises un personaje conocido por su capacidad de embaucar y enredar verbalmente a sus interlocutores. De esta forma, Jean Giono nos presenta a un hombre de mar, llamado Ulises, que tras la guerra se ha entretenido de isla en isla por el Mediterráneo, de puerto en puerto y de mujer en mujer. Sin embargo, todo cambia una noche en la que llegan a sus oídos noticias de Ítaca, donde Penélope, su mujer, y todos los habitantes de la isla le dan ya por muerto. Entonces, él “altera ligeramente su historia” (eufemismo de “miente como un bellaco”) para limpiar su imagen y su honor, con la mala (o buena) suerte de que esta “nueva” historia llega a oídos de un aedo ciego (claro trasunto de Homero) que queda cautivado por ella y que la expande por todo el mundo helénico, incluyendo Ítaca. A partir de ahí empieza “la odisea”, el retorno y las muchas sorpresas que le esperan a Ulises al reencontrar su hogar.

Una delicia de novela cuyo principal atractivo no es, sin embargo, la original e interesante idea de la trama, sino su lenguaje. Aunque Giono sea algo infiel a Homero en el fondo, se preocupa por no serle muy infiel en la forma y descubre, con gran acierto, que la única manera de ser fiel en el siglo XX a la poesía narrativa arcaica es mediante la novela poética. Es decir, una novela con un lenguaje cuidadísimo y delicado, a través del cual el universo mitológico griego se convierte en profundidad psicológica y onírica, entremezclando ficción, realidad, imaginación, lirismo y acción.

Yo, al enterarme de que Cortázar había traducido esta primera novela de Giono, tuve claro que tenía que meterme en la obra de este autor francés, más allá de El hombre que plantaba árboles. Y es que Cortázar no tradujo cualquier cosa: Defoe, Chesterton, Gide, Keats, Poe, Yourcenar… Así que quise empezar a leer a Giono por sus comienzos, Nacimiento de la Odisea, pero como la traducción de Cortázar permanece sin reeditar desde 1946, me tuve que contentar con el original francés, que se me hizo difícil por la riqueza del vocabulario. Afortunadamente, quiso el azar (y mi gen de ratón de biblioteca) que cayera en mis manos una copia de la edición original de esta traducción, que he venido hoy aquí a reivindicar como impecable, pues plasma con acierto el lenguaje de Giono, aportando también algo de cortazarismo, lo que siempre es de agradecer. Así que ahora que parece que empezamos a acordarnos poco a poco de Giono, quizás sea el momento ideal para que algún editor que me esté escuchando ahí fuera se decida a redescubrirnos el Nacimiento de la Odisea de Giono-Cortázar.

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