Frank Herbert: Hijos de Dune

Título original: Children of Dune
Idioma original: Inglés
Año: 1976
Editorial: DeBolsillo (2010)
Género: Novela
Valoración: A los leones

Tras más de mes y medio de vacaciones (si lo que un padre de familia tiene en verano puede considerarse vacaciones), vuelvo con las pilas cargadas y el zurrón lleno de libros. El primero de ellos, no por ser más importante sino por haber supuesto un alivio terminarlo, es la tercera entrega de la (primera) trilogía de Dune (que empecé el verano pasado con Dune y El mesías de Dune).

Tras la desaparición de Paul Atreides en las dunas de Arrakis, emperador galáctico y mesías de Dune, el gobierno recae en su hermana Alia, la abominación, quien deberá ejercer la regencia hasta la mayoría de edad de los hijos gemelos de Paul, Leto II y Ghanima. Las intrigas y las distintas luchas por el poder llenan de inestabilidad el palacio imperial, a lo que se suma la aparición de un misterioso profeta que es aclamado por el pueblo como el propio Paul.

Debo reconocer que me lancé a la lectura de este libro con gran expectación. Sí, las entregas anteriores me habían dejado un muy buen sabor de boca y, aunque ya sabía de antemano que con leer esta primera trilogía ya iba a ser suficiente para mí (la saga se extiende en secuelas y precuelas ad infinitum), esperaba dejar cerrado un ciclo. Y tanto que así ha sido.

Tras casi 550 páginas puedo decir que Hijos de Dune es una tercera parte innecesaria para la historia global, la cual podría haber terminado tranquilamente con el segundo libro. La trama principal es liosa incluso para una saga ya de por sí enrevesada. Los personajes, pese a que el libro los trata desde sus más profundos pensamientos, tienen tendencia a disolverse y quedar fundidos en un mediocre gris. Las conversaciones aspiran a ser poco menos que proverbiales y llenas de sabiduría, cuando en realidad son plomizas, repetitivas y, en su gran mayoría, carentes de significado real.

Es cierto que esta trilogía hay que valorarla en su momento, cuando supuso un antes y un después en el mundo de la ciencia ficción, pero eso no quita la evidente falta de calidad de este tomo. Este libro vive descaradamente de las rentas de la fama (merecida, por supuesto) de sus predecesores y solo consigue desgastar la idea original. Los conceptos que Frank Herbert creó y desarrolló tan maravillosamente en los dos primeros libros ahora resultan aburridos a fuerza de machacar con ellos insistentemente (sin llevar al lector a ningún lugar en concreto).

Y eso que todavía no he entrado a mencionar tres de las cosas que más me enfurecieron:

a) la cantidad exasperante de capítulos de relleno que nos podemos encontrar entre sus páginas. De verdad que este libro podría, no, DEBERÍA ser bastante más corto.

b) el predecible y precipitado final (aunque, a esas alturas de la lectura, sinceramente, ya me daba lo mismo).

Y, por supuesto, no me puedo olvidar de c) la HORRIBLE traducción de Domingo Santos. Ya sé que lo he venido mencionando en las otras dos reseñas anteriores de Dune, pero es que en esta edición ya riza el rizo. Erratas sangrantes, errores de puntuación, incoherencias de tiempo, orden nefasto de las palabras (sobre todo lo relacionado a la relación sustantivo-adjetivo), traducciones literales del inglés al español y, mi favorito, nulo entendimiento de cómo usar el adjetivo/adverbio tal en lengua castellana. Paso a dejaros aquí un fragmento de la página 372 para que veáis que esto no me lo invento yo y que este caballero, o bien no es hispanohablante, o sufre una severa dislexia:

” –¿Qué es lo que estáis haciendo conmigo? –preguntó–. ¿Cuáles son vuestros planes hacia mí?
–Intentó [sic] desparramarte sobre el universo –dijo ella–. Intentó [sic] que puedas convertirte en cualquier cosa que desees profundament.e [sic]
El [sic] digirió aquello por unos instantes.”

En serio, he leído bastantes obras autoeditadas y/o de editoriales de dudosa reputación cuya gramática es mucho mejor que esta. Creo que una editorial como DeBolsillo, que pertenece al todopoderoso grupo Penguin, no puede permitirse tener semejante bodrio en los estantes de las librerías de América Latina y España.

Para finalizar, y haciendo una valoración global de la trilogía, recomendamos las dos primeras partes, sí, pero lo que de verdad recomendamos es darse por satisfechos antes de abrir Hijos de Dune. En serio.