«Uno siempre escribe sobre sí mismo». Entrevista a Juan Muñoz Flórez

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Y si hace un par de semanas entrevistábamos a José Pedro García Parejo, hoy le toca el turno a Juan Muñoz Flórez, ganador del Premio Guillermo de Baskerville a la mejor novela independiente de 2016 por El Demacre.

Muy buenas, Juan Muñoz Flórez, enhorabuena por el premio.
Muchas gracias, me hizo una ilusión tremenda.

¿Cómo viviste el proceso?
No empecé a tener conciencia hasta que estuve nominado. No las tenía todas conmigo porque la valoración que recibió El Demacre estaba por debajo de la máxima y había muchos libros al mismo nivel. Y luego no pensaba ganarlo; creía que no reunía las condiciones para conseguir un premio de este tipo porque una de las características principales de El Demacre es el humor (aunque negro y trágico) y eso rebaja el «valor artístico».

¿Viste algún momento en el que pudieras tener oportunidades?
Yo pensé que podría estar en la terna final, es decir, pasar el último corte, pero estaba convencido de que iba a ser descartado. De hecho, hicisteis una encuesta y salió último hasta el mismo final. Me encanta hacer cálculos y yo pensaba que tenía entre un 10 y un 15% de posibilidades. Así que fue una sorpresa alucinante y una alegría increíble.

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Luego hablaremos un poco más en profundidad de El Demacre, pero ahora pienso en su protagonista, Diego Valente, y me imagino cómo celebraría él un premio así. ¿Cómo lo celebraste tú?
(Risas) Fue un poco melancólica porque El Demacre es así para mí. Apenas lo he vuelto a leer porque me trae recuerdos que no quiero evocar. Así que fue agridulce; por un lado, la alegría fue increíble, pero, por otro, todavía estaba ahí toda la tristeza que provocó su escritura. Lo celebré con el escritor Lucas Albor, una amiga suya y un amigo en común que tenemos. Bebiendo como si no hubiera un mañana. Y echando de menos a gente que fue importante mientras escribí el libro, gente que incluso motivó el libro, y que ya no están. Y es que pesan más las ausencias que las presencias.

Se confirma entonces que El Demacre está basado en hechos reales. A mí me gustaría saber cuánto de real hay en él.
Hay bastante. Real, real no hay nada. Todo es una manipulación de muchas situaciones reales que no se han producido al mismo tiempo. Es una aglomeración de episodios de los últimos 10 años de mi vida, incluso más, seleccionados y manipulados para crear un efecto dramático, y luego una parte muy importante de ficción. Pero es verdad que la novela se produce en un momento de mi vida muy particular (una ruptura). Y al final, la novela que no iba a ser así, que iba a ser una novela negra más convencional, cambió. Durante su escritura caí en un estado de negrura que me hizo pensar que la novela había muerto. El plan se alteró completamente. Cuando volví a escribir me di cuenta de que la única forma de salvar la novela era introduciendo a la trama principal (la chica encontrada muerta) absolutamente todo lo que me estaba pasando en ese momento. No podía escribir una novela que no tuviera que ver 100% conmigo. Entonces hay MUCHO de real, pero todo manipulado. Que sea el lector quien juzgue.

«Yo estoy seguro de que, si la peli de El Demacre se hiciera, de Diego Valente terminaría haciendo Dani Martin, pero prefiero soñar con Joaquin Phoenix».

¿Cuánto de Juan Muñoz hay en Diego Valente, el protagonista?
Mucho, como en el resto de personajes. Sí que es verdad que mi voz se expresa en la voz del prota. Pero yo no soy Diego Valente, él es una manipulación de la realidad para hacerlo atractivo al lector. He excluido ciertas cosas de mí que pudieran restar fuerza al personaje y le he agregado una serie de matices que hicieron que el resultado final fuera más efectivo. Hay mucho de mí, pero no soy yo. Uno siempre escribe sobre sí mismo. A lo mejor, el punto de referencia es la realidad circundante o un mundo inventado, pero no creo que sea posible escribir sobre otra cosa que no sea uno mismo.

¿Cómo un doctor en filología clásica elige como tema para su primera novela una historia sobre los bajos fondos más cutres?
Yo quería escribir sobre algo que conociera muy bien y esos bajos fondos cutres, como tú dices, los conozco a la perfección porque han sido parte integrante de mi vida durante bastantes años. Hay una concepción bastante elitista de la Universidad, pero eso no quita que yo me moviera en ese tipo de ambientes, que me encantaban. Y yo quería escribir sobre elementos, personajes, situaciones y paisajes sobre los que yo no tuviera que elucubrar nada. No quería que sonase falso. Yo tenía suficiente material en mi vida como para tener que echar mano de situaciones inventadas que pudieran sonar como de cartón piedra.

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Una vez que ya tenemos que es un libro donde la verosimilitud es muy importante, ¿cómo la clasificarías tú? ¿Novela realista, narrativa urbana, humor, novela negra…?
Cuando la editorial la calificó de «novela negra», no me dio rabia, pero mi ego se vio afectado por aquello de reducir mi obra a mera categoría. Así que en principio estaba en desacuerdo. Ahora veo que sí tiene muchos elementos que la pueden meter dentro de la novela negra, aunque no al uso. Tiene otros elementos que la hacen especial. La historia misma es como el protagonista, como si fuera un diario de viaje (aunque sea dentro de la cabeza del prota). Yo no sé cómo se podría calificar, pero creo que lo mismo le sucede a la mayoría de novelas negras que me gustan a mí; no hay crítica social, por ejemplo. No es la típica novela negra, en cualquier caso. Es muy personal, escrita casi como una autoconfesión y cuyo fin era que se la leyera una sola persona y que esto despertase sentimientos en esa persona en concreto. No estaba concebida para ser publicada ni para que la leyera más gente. Como eso al final no funcionó (risas) se convirtió en un producto público.

Una de las cosas que más destacan en El Demacre son los diálogos, supongo que te lo habrán dicho. ¿Cómo los trabajaste?
Parto de la base de que los diálogos son una de las facetas más difíciles de dominar porque es un segundo tipo de escritura dentro del libro y  hay muchos escritores que no saben hacer la diferenciación entre la parte dialogada y la parte narrativa. Eso a mí, como lector, me saca completamente de la novela. Gran parte de la verosimilitud está en los diálogos y normalmente suenan irreales o muy forzados. Es un defecto de forma que se intentó corregir en el siglo XIX durante el Realismo (donde se les acusaba a estos escritores de despojar la cualidad artística de la obra por querer reflejar la realidad) pero creo que no se ha terminado de lograr. En España creo que es uno de nuestros talones de Aquiles. Creo que los diálogos han de parecerse lo máximo posible al habla real, que tienen que estar fuera del lenguaje literario. Los diálogos tienen que servirse de los mismos recursos de los que se sirve el lenguaje real. Tienen que estar dotados de esa inconsciencia con la que hablamos: anacolutos, faltas de concordancia, repeticiones, etc. Es el color de la lengua oral. Esto al menos en una novela ambientada en nuestro propio mundo. Incluso, como hacía Faulkner, recurriendo a la transcripción fonética.

«Si mi posición es que las drogas no son más que un superestimulante, yo no puedo escribir una novela y excluir este concepto».

¿Y no te preocupaba a la hora de hacer estas descripciones fonéticas que los lectores de fuera de Madrid no entendieran qué decían?
Pues supongo que lo mismo que les importa a los autores hispanoamericanos que les entendamos en España, o sea, nada. Cuando uno lee Pedro Páramo, hay que ir a los pies de página para entender qué se ha querido decir. Es un esfuerzo que creo que tiene que hacer el lector. Y el lector inteligente, por el propio contexto, lo tiene que terminar entendiendo. Yo tuve suerte porque, al dar clase unos años en la universidad, tuve la oportunidad de entrar en contacto con chavales que hablaban como en El Demacre. De hecho, el personaje de el Richi está tan logrado por esto mismo. Un ejemplo es la expresión «te renta», la reutilización de un término arcaico y específico que de repente un grupo social se apropia y lo dota de otro significado y pasa a convertirse en una palabra, no ya de uso común, sino excesivo incluso, que termina aplastando a otras palabras que significan lo mismo. Pues si yo no hubiera dado clase a esos chavales, el Richi hablaría como habla un chaval de barrio, pero de mi propia edad. Hubiera perdido verosimilitud.

El Demacre toca de una forma muy realista y cercana de la droga. ¿Qué te dice la gente que se lo lee al respecto?
Ha habido de todo. Cuando escribí la novela no me di cuenta de que las drogas estaban formando parte consustancial de ella. Sí que es cierto que en la trama importan, pero el hecho de que los personajes las usen y estén en convivencia continuamente con ellas viene de que en una parte de mi vida eso fue así: estaban por todas partes. Yo nunca he tenido un juicio crítico negativo sobre ellas. La reacción ha venido dependiendo de la persona. Ha habido profesores míos que se la han leído que no han querido llamar a la policía pero a Proyecto Hombre sí. También ha habido gente a la que le ha provocado mucho rechazo el modo en como se describen ciertas partes. Yo no era consciente de que estaba entrando tan en detalle. Pero es que a gente que ni siquiera ha visto nunca droga de ningún tipo le ha resultado difícil leer ciertas partes de la novela. Pero en general, incluso estos últimos, como el tratamiento es bastante desapasionado, incluso humorístico (las drogas ayudan a protagonista a superar los malos momentos aunque en realidad son un acelerador de todas sus tragedias), no ha habido mayores problemas.

«Los diálogos tienen que estar dotados de esa inconsciencia con la que hablamos».

Porque no hay crítica ni juicio por tu parte, claro, que sería lo políticamente correcto. ¿Hay alguna intención detrás de esto?
Tenía muy claro que tenía que ser honesto conmigo mismo. Y si mi posición es que las drogas no son más que un superestimulante, yo no puedo escribir una novela y excluir este concepto. Si las incluyo no debo adoptar una posición que me congracie con la idea dominante sobre las drogas porque no es como yo lo veo. Para mí las drogas son un producto de consumo de una enorme parte de la población que ni vive en la marginación, ni roba para conseguirlas, ni su vida se ve alterada, ni nada de eso. Mucha gente que las consume de vez en cuando me ha agradecido el modo en como está reflejado el consumo recreativo de las mismas. Y es gente normal con vidas normales, más o menos exitosos, para quienes las drogas son un elemento de diversión más para cuando toca. Y nada más. En cierta manera, también quería hacer crítica a nuestra sociedad. No es una reivindicación ni una apología, por supuesto, pero es cierto que la condena general de nuestro mundo me parece farisaica, sostenida sobre prejuicios y por supuesto que no quería participar de ese aquelarre.

Al mismo tiempo que yo iba leyendo El Demacre, lo veía clarísimo: era una película. La he visto muy posible he incluso tengo buscada la banda sonora y todo por parte de Los Punsetes, de la que pondré algunos cortes a lo largo de la entrevista. Espero que te guste. De cualquier modo, y a modo de juego, te propongo imaginar esta película de El Demacre en el hipotético caso de que tuviéramos presupuesto de sobra y pudiéramos contar con actores de cualquier época y lugar. Por ejemplo, ¿quién haría de Diego Valente?
Mucha gente me ha dicho esto y alguna vez me he puesto a pensar esto con unos amigos de risas. Yo pondría a Joaquin Phoenix de Diego Valente. Yo estoy seguro de que, si la peli se hiciera, de Diego Valente terminaría haciendo Dani Martin, pero prefiero soñar con Joaquin Phoenix.

¿El Chi?
Este es complicado porque es de origen vietnamita. Cuando yo quería ser intelectual e iba a la filmoteca a ver cine chino, sí que estaba más puesto, pero ahora no me quedo con los nombres. Si lo hiciera un actor español a lo Juan José Ballesta y tal, yo me suicidaría antes del estreno. Si estuviera vivo (y el Chi fuera negro), sería genial Tupac. Pero en caso de que fuera una peli estadounidense. También valdría cualquier personaje de The Wire.

¿El Richi?
Este es muy complicado porque es muy, muy de barrio. El chaval que lo hizo en el trailer del libro lo hizo genial.

¿Ariadna?
Aquí pega más una actriz española, aunque veo poco del último cine español. Aunque, si lo pienso bien, la chica que salió en el booktrailer, Claudia Taboada, una actriz buenísima con una capacidad interpretativa sobresaliente, lo haría estupendamente.

¿Quiénes serían Dragan y Sasha?
El personaje de Sasha está inspirado en un tipo que conocí en una de esas noches de las que apenas nada recuerdo. Sería un poco perfil Tim Roth en los 90. Con respecto a Dragan, viví en Serbia y quería reflejar a gente de la mafia balcánica, que sé cómo hablan y cómo piensan. No manejo actores del Este, aunque debería de ser un tipo imponente a lo Dolph Lundgren venido a menos.

He dejado a Deyanira para el final…
¡Buf! Complicado. Hay una actriz llamada Paula Patton que vi en una peli horrible de Tony Scott y que por físico podría entrar perfectamente.

Dejando un poco de lado ya tu obra, te voy a hacer una pregunta sobre un tema muy candente entre los escritores: ¿eres un escritor de mapa o de brújula?
Yo sé que Ross McDonald o Ken Follet hacen «prelibros» del propio libro. Yo hice una escaleta de unas 6 páginas antes de empezar con El Demacre. Siempre tenía apuntados los momentos críticos donde podía caer en digresiones que luego me costasen mucho esfuerzo reconducir. El armazón lo tenía, me faltaban algunas cosas como el propio final, que no apareció nítido hasta unos quince días antes de finalizar la escritura. También me ocurrió que, como iba discutiendo el avance de la novela con mi mejor amiga (que fue casi una creación a medias entre los dos), no se escribió desde el final hacia el principio. Sobre todo, lo que no quería era que me ocurriera como ya me pasó con otro intento de novela en la que partí de dos o tres frases y que fui con la brújula al máximo. Y me perdí, claro. Me di cuenta de que no era capaz de controlar todo el universo de una novela sin tenerlo todo apuntado. Aunque también dejo espacio para la improvisación, como me ocurrió con el Richi, que iba a ser un personaje mucho más residual, pero que me lo pasé tan bien escribiéndolo que, como no afectaba a la trama, le terminé dando mayor presencia. Me lo podía permitir. Y el final, como ya digo, tampoco estaba y apareció después, aunque tomé precauciones para que no se me fuera de la manos.

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Ya han salido algunos nombres en la entrevista, pero ¿cuáles son los referentes literarios de Juan Muñoz Flórez?
(Suspiro) Referentes literarios y de vida. Hay personas a las que admiro como ejemplo a imitar en todos los sentidos, no solo como autores. Que cumplan esos requisitos hay alguno. El que más me llega, me dice más y del que más he aprendido es Tolstoi. Mi forma de escribir no se parece en nada a la suya, pero Anna Karenina es, para mí, la cumbre de la literatura. El problema es que a Tolstoi le ocurre que tiene obras impresionantes y otras mediocres, lo que no le ocurre a Dostoievski, por ejemplo, que todo lo hace muy bueno. Pero Dostoievski no llega a la profundidad de Tolstoi… Y si seguimos por los rusos, que me encantan, uno que me parece fundamental es Ivan Turgenev, mucho menos conocido, que ha escrito el mejor relato que he leído nunca, Primer amor. No se puede contar más con menos palabras, ni mejor. De España, Miguel Hernández; para mí es la cumbre de la poesía que puedo disfrutar más por estar en mi idioma. Y otro más, que por ser de genero se le suele dejar de lado, es Ross McDonald, un grande de la novela negra con una gran capacidad de penetración en el alma humana. Y otro, venga, Philip K. Dick, que me vuelve tan loco como estaba él. Ese sí que era un escritor de brújula…

Y al llegar al final de tu carrera, que esperemos que sea dentro de muchos años, ¿con qué autores te conformarías que comparasen a Juan Muñoz Flórez?
Pues sin haberlo pensado demasiado, te diría Robert Bloch, el autor de la novela que Hitchcock llevó al cine como Psicosis. Empezó a cartearse con Lovecraft cuando era un chaval y mantuvieron una amistad en la distancia. Él hizo una carrera de novelista modesta, fue casi desconocido, pero destacó como relatista. Se movió entre el terror, el suspense y la ciencia ficción, y tenía la capacidad de que el relato se quedase dentro e iba más allá de la historia. Y me gustaría que me comparasen con él porque me gustaría provocar en los jóvenes lectores lo que él provocó en mí. Ya que sé que no llevo dentro a un Tolstoi o a un Dostoievski, la idea de poder hacer sentir a chavales lo que él consiguió que yo sintiera, sería lo máximo para mí.

La historia de tu vida, de Ted Chiang, recomendado por Juan Muñoz Flórez. Libros ProhibidosY hablando de autores poco conocidos como Robert Bloch, ¿qué obra de un autor poco conocido te gustaría recomendarnos para que la leyéramos y escribiéramos sobre en ella en Libros Prohibidos?
Pues te voy a hablar de un autor de relatos de ciencia ficción llamado Ted Chiang. Es interesantísimo y de gran complejidad. No reúne los principales defectos de los autores de ciencia ficción que tienen personajes poco trabajados, los conflictos son demasiado simples, no hay profundidad. Hay buenas ideas pero falta literatura. Y con este autor eso no pasa: su parte literaria es potentísima. Ahora será más famoso a raíz de una película que salió de su obra hace poco, pero en español es todavía poco conocido. El libro de relatos que te voy a recomendar se llama como el relato principal: La historia de tu vida. Y también un libro clásico al que no se le presta suficiente atención es Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline, un autor francés que ha sido repudiado por haberse «convertido» al nazismo en los años 30. De la nada configuró todo un género como el pulp y el realismo sucio que vendría en los siguientes años. En ese libro, por lo menos, no se advierte en absoluto nada de su nazismo.

Muchas gracias, Juan Muñoz Flórez.
A vosotros. Un placer.

Fotografías de Luis Sarabia.