David Levithan: Dos chicos besándose

Título original: Two Boys Kissing
Idioma original: Inglés
Año: 2013
Editorial: Nocturna (2016)
Traducción: Teresa Lanero
Género: Novela
Valoración: Recomendable

Yo debería poder comenzar esta reseña diciéndoos: “Dos chicos besándose es un libro precioso; tenéis que leerlo”. Debería poder ignorar la intención política de esta obra y juzgarla únicamente por su valor narrativo, la delicadeza de su estilo, la originalidad de su narrador en primera persona del plural. Pero, por desgracia, no se trata meramente de un libro bonito. Es un libro tristemente necesario. Y, por eso, me voy a poner más política de lo que me gustaría. Os pido disculpas de antemano.

Dejadme que comience contándoos una pequeña historia. Hace muchos años, cuando la que escribe esto era una ingenua yogurina con las hormonas revolucionadas y la cara cubierta de granos, apareció un invento infame llamado Facebook (o Cara-Libro, como le decíamos entonces). En aquellos tiempos, desconocíamos el poder político, social y financiero que adquiriría esta red pseudo-social, y la usábamos como un inocente telescopio para cotillear la vida de los demás. Así que uno añadía a todo quisqui como “amigo”, fueran o no dignos de semejante calificativo, sólo para poder tener bien alimentada nuestra ansia de chismorreos. Añadíamos a las personas de nuestro entorno más inmediato, pero también a todos nuestros compañeros del colegio, instituto y universidad. A nuestros vecinos. Al pollero. Al peluquero de nuestra madre. A los primos de un amigo que conocimos en la Nochevieja del ’96, nos enganchamos un pedo enorme con ellos y jamás volvimos a ver. Nuestro Facebook se llenó de gente que alguna vez supimos quiénes eran pero ahora no saludaríamos (¿ni reconoceríamos?) si los viéramos por la calle. Esto, que en un principio parecía divertido e inofensivo, se terminó convirtiendo en una pesadilla. No solo nos dimos cuenta de que no queríamos que esta gente tuviese una ventana de acceso 24/7 a nuestra vida, sino que llegamos a la conclusión de que, contra todo pronóstico, ni siquiera nos interesaba cotillear en la suya. Es más, pronto fuimos terriblemente conscientes de que esta gente no tenían nada en común con nosotros, que nos horrorizaban sus comentarios, sus actividades de ocio, su actitud hacia la vida en general. Y así fue cómo se gestó La Criba.

La Criba fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Una matanza en toda regla. En mi caso, hubo unas 300 bajas, pero las leyendas hablan de algunas Cribas de miles de individuos. A pesar de que esto trajo una sensación sin igual de calma y oh-dios-por-fin-me-libro-de-semejante-pelmazo, lo cierto es que se trataba de un arma de doble filo. Y es que, al eliminar a estos individuos de nuestro Facebook, fuimos creando, sin pretenderlo, unas burbujas de aislamiento social que nos alimentaban con opiniones que coincidían con las nuestras y creaban la ilusión óptica de que el mundo estaba avanzando en la dirección adecuada, ¡por fin!, y de que la gente se estaba dando cuenta de que habíamos tenido razón todos estos años. Este espejismo es el culpable de que tantos de nosotros hayamos alucinado pepinillos con los acontecimientos políticos acaecidos en este año maldito que nos acaba de dejar.

Bueno, ¿y a qué viene todo esto? Paciencia, nos queda un poco, pero ya llegamos, os lo prometo.

Bien, resulta que, a pesar de que mi Criba fue sanguinaria y carente de toda piedad, hubo un individuo, llamémosle X, que sobrevivió. La razón por la que X logró escapar a La Criba aún me es desconocida. Sospecho que algo de culpa tuvo el morbo. Y es que X es todo lo distinto a mí que podría llegar a ser una persona. Su sistema de creencias es la antítesis del mío, y hace que Aznar parezca un perroflauta por comparación. Esto lo sé gracias a que, día sí y día también, X me horroriza compartiendo un nuevo “artículo” (por llamarlo de alguna manera) que defiende alguna de sus reaccionarias y grimosas ideas.

Tener a X aún presente en mi pseudo-vida virtual tiene sus más y sus menos. A menudo las ganas de potar mientras me arranco los ojos son un pelín abrumadoras. No obstante, tiene la ventaja de que minimiza el espejismo de La Criba y hace que no pueda olvidar que existe gente que piensa de forma muy distinta a como pienso yo.

What’s your point, Susana? Venga, que ya casi estamos.

Seguramente muchos de vosotros, como yo, tendréis varios amigos homosexuales, bisexuales o transgénero. Probablemente un porcentaje nada desdeñable de los que leerán esto serán homosexuales, bisexuales o transgénero. Y apostaría un ovario a que la inmensa mayoría de todos vosotros estáis perfectamente en paz con la idea de que existan personas de diversas orientaciones sexuales e identidades de género. Quizá algunos de vosotros (los que hayáis vivido la discriminación en vuestras propias carnes) seréis tristemente conscientes de que hay gente que no opina como vosotros. Pero entre los individuos heterosexuales y cisgénero puede ocurrir que esta burbuja de aislamiento social que provocó La Criba, y que hace que nuestros muros en Facebook sean ecos de nuestras propias creencias, cree la falsa percepción de que el mundo ya ha superado la LGBT-fobia. Que nadie piensa ya que haya nada de malo en la idea de dos chicos besándose (os dije que llegaríamos).

Bien. Para todos los que se engloben dentro de esta última categoría, dejadme que os diga: Dos chicos besándose es un libro precioso, tenéis que leerlo. Presenta varias historias paralelas de adolescentes homosexuales o transgénero en diversos grados de aceptación de su propia identidad; en diversos momentos de sus relaciones de pareja. Las historias están bellísimamente narradas, con una peculiar voz en primera persona del plural que representa a aquellos hombres que murieron por culpa de su orientación sexual, y que ahora observan a estos jóvenes y desean con todas sus fuerzas que se acepten a sí mismos, que se quieran y disfruten del amor. Una novela para leer de forma pausada y saborear sus emocionantes reflexiones sobre la vida y la muerte, sobre el amor y el odio.

Para quienes hayáis sufrido en vuestras carnes la discriminación por culpa de vuestra identidad sexual o de género, en este libro encontraréis un confidente; una voz amiga llena de sabiduría que os hablará de tú a tú (o, más bien, de “nosotros” a “vosotros”), basándose en la propia experiencia del autor; unas historias con las que quizá os sintáis identificados (o no), pero que sin duda agradeceréis que estén siendo, por fin, contadas. Os recomiendo de corazón este libro y espero que lo disfrutéis.

Por último, pero no menos importante, para X. No sé si leerás esto, ni si sabrás que me refiero a ti. Pero este es un libro que necesitas leer. Necesitas entender que son personas como tú. Que entienden el amor como lo entiendes tú. Que sus relaciones de pareja no tienen nada que las diferencie de las nuestras, si obviamos lo obvio. Sobre todo, tienes que comprender cómo se vive tu opinión desde el otro lado. El daño que provoca y lo prescindible que es. Este es un libro tristemente necesario, y no simplemente una bonita novela, porque existes tú.

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