Bill Jiménez: Varón de multiforme ingenio

Varón de multiforme ingenio. Libros Prohibidos

Año: 2016
Editorial: Autopublicado
Género: Novela
Valoración: Recomendable

Una odisea moderna

Dentro de los diversos apartados que dan valor a un libro, hay tres que destacan a la hora de hacer que los lectores se decanten por su compra y posterior lectura (estoy dejando fuera adrede las campañas de marketing, por supuesto): la portada, el título y la sinopsis. Pues bien, yo no sabía qué pensar a la hora de elegir el libro que traigo hoy, Varón de multiforme ingenio, con ese título. No tenía acceso a la portada en un principio, así que tengo que reconocer que no me llamaba mucho; pensaba que podría ser una genialidad o un pufo, con más probabilidades de lo segundo. Y me equivocaba.

Biel es un treintañero que trabaja de redactor en una revista cultural de importancia moderada, por no decir de poca monta. Con los vaivenes propios de la edad, sus días transcurren sin mayores sobresaltos que los relacionados con su vida sentimental: pretende intentar algo con una ex, su jefa le odia tras una relación fallida y, para colmo, se le cruza por el camino la sexy hija de un antiguo profesor, terremoto que puede terminar de agitar su existencia.

Varónd e multiforma ingenio. La Odisea. Libros ProhibidosDice el propio autor, Bill Jiménez, que esta obra es un homenaje a La Odisea de Homero. No es difícil comprobarlo desde el mismo título, referente al inicio de este cantar épico, y desde que se abre la primera página y uno se encuentra con los nombres de los capítulos. Pero no se queda aquí este homenaje. Homero, si es que en realidad existió, quiso contar cuáles eran las mayores ambiciones y preocupaciones del hombre de la Grecia arcaica. Lo hizo con sus medios, a su manera, y reflejando su mundo. Es lo mismo que ha hecho Bill Jiménez en este Varón de multiforme ingenio. Estamos ante la versión actualizada de La Odisea. Han pasado unos tres mil años desde la aparición de la obra de Homero, y las cosas han cambiado un poco. Ya no existe el temor a perdernos en un viaje del que no sabríamos si regresaríamos con vida, pero nos aterran las relaciones en las que no sabemos dónde nos podrán llevar. Ya no supone un impedimento la lejanía física para comunicarnos, pero estamos rodeados de medios de comunicación que nos aíslan de nuestros iguales. Ya no tememos despertar la ira de los dioses si hacemos algo indebido, pero estamos tan sobreestimulados que corremos continuamente el peligro de que la información que recibimos esté equivocada, o directamente sea falsa. Ya no tenemos que luchar por nuestras vidas, es más, tenemos que obligarnos a salir a la calle para darle algo de vida a nuestras existencias. Creo que si Homero hubiera vivido en nuestros días estaría de farra en Ibiz hubiera escrito un libro como este.

Estamos, por lo tanto, ante una obra crítica con nuestro día a día. Se trata, no obstante, de una crítica velada que se sirve de armas más sutiles que la denuncia por las bravas, algo que siempre me resulta más interesante. Además de poner en entredicho el supuesto valor del ser humano moderno, Bill Jiménez aprovecha para arremeter contra ciertos aspectos de la industria cultural y el negocio que hay organizado a su alrededor. Es quizá en esta parte donde desarrolla con más soltura su fino a la par de corrosivo sentido del humor.

Los galeristas me dan las gracias por los textos amables y desaparecen cuando hay opiniones negativas de por medio; los críticos, los de verdad, me detestan por representar a una raza de usurpadores surgidos del ciberespacio; y el público… el público era de dos clases: el que mira y no compra y el que compra sin mirar. Ambos podían vivir sin saber mi nombre.

Cuidando las formas como si fueran un regalo de los dioses

No pienso ser rácano con los elogios hacia la escritura de Varón de multiforme ingenio, sería una injusticia. Se trata de un libro preocupado en todo momento por las formas, por hacer llegar el mensaje de la mejor manera posible. Por supuesto que no estoy hablando de pomposidad, ni de más adjetivos de la cuenta, ni de ningún tipo de barroquismo; estoy hablando de una elaboración cuidada, de un amor por la fluidez del texto, de casi una obsesión por entregar el mensaje al lector de formas distintas y variadas, como si temiera desatar la ira de los dioses por repetir una construcción.

La vieja rutina de ir a comer los domingos a casa de mis padres despertaba la sensación de que, como familia, llevábamos años hundiéndonos junto al bloque de hormigón que nosotros mismos nos habíamos atado al tobillo. Actuábamos como una familia aunque ignorábamos el funcionamiento de una. Nos valían los ejemplos importados de las teleseries americanas, las mismas que mi madre consumía desde que mi hermana le enseñó a descargárselas ilegalmente de internet.

Tal vez la única pega que podría ponerle a la escritura de esta obra es el cambio de narrador que el autor hace casi al final y que distrae más que otra cosa. Está relacionado con la elección del narrador en primera instancia (primera persona del pasado desde el punto de vista de su protagonista). Resulta que desde la primera página el lector solo conoce lo que ocurre con el narrador, Biel, pero llega un momento en el que el autor quiere mostrar qué hace otro personaje sin que el prota esté delante. ¿La solución? Lo ponemos en tercera persona y ya está. No es para cerrar el libro y arrojarlo a las llamas, pero chirría lo justo como para señalarlo aquí —y manchar, ya de paso, una narración hasta entonces impecable—. Cachis.

De cualquier modo, y es algo que no suelo hacer, la escritura de esta obra está tan cuidada, es tan capaz de crear imágenes frescas e instantáneas cual Polaroid que voy a resaltar una cita extra. Invito yo —y Bill Jiménez, claro—.

Removí solemne mi café, libre ya del influjo de esos ojos inalcanzables. Sabíamos tantas cosas el uno del otro que la idea de liarme con Victoria rozaba el incesto. Para ella era más sencillo, pasaba de mí, el neurótico compañero de trabajo que le sacaba diez años y respondía al mundo con la confusión de un hermano preadolescente.

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