Ana Katzen: Hierro Fatuo

Año: 2016
Editorial: Autopublicado
Género: Novela
Valoración: Está bien

Hace unos meses publicamos la reseña de Cazador y presa, primera parte de la saga Los moradores del cielo, cuyo segundo título traigo hoy. Cuando escribí aquel post jamás hubiera imaginado que unas semanas después estaría leyendo profesionalmente el manuscrito de Hierro Fatuo antes de su inminente publicación. La autora quería una opinión profesional, así que me solicitó un informe de lectura, uno de esos trabajos (tan, por otra parte, recomendables en cualquier libro) que hacemos en Autorquía. Una pista, el material que me pasó Ana Katzen ya era bastante bueno la primera vez que lo leí.

El grupo de aventureros formado por Selene, Sarket y Enor ha emprendido el azaroso viaje que deberá llevarles hasta el antiguo hogar de Selene, la capital donde reina la malvada Setanta. Las primeras dificultades del camino no tardan en aparecer, obligando a los chicos a marchar en busca del misterioso latro (el ser capaz de atravesar todas las puertas, incluso las dimensionales) mientras son hostigados por el poderoso Kurai.

Está claro que la sinopsis se entiende mejor una vez leída la primera parte. Y, sí, traigo una saga de fantasía, la primera trilogía autoeditada en la historia de nuestra web. Voy a explicaros por qué. La sensación de contribuir al proceso creativo de una obra de ficción es especial, mágica, muy difícilmente descriptible. Pero se convierte en algo mejor aún cuando uno comprueba la obra con otras del autor y ve una evolución, no sólo de la historia en sí, sino de la escritura, el estilo, la narración, la complejidad. Si yo no hubiera sentido este crecimiento, hoy no estaría reseñando Hierro Fatuo en Libros Prohibidos.

En este aspecto, es de destacar el palpable progreso de Ana Katzen como autora. Por lo que sé de ella y sus escritos, es una escritora inteligente, sensitiva, humilde y con una desarrollada consciencia. Esos atributos se dejan ver en la mejoría en todos los aspectos de su escritura; el mejor manejo de la acción y el pulso narrativo, la lograda profundidad y naturalidad de los personajes, en definitiva, el crecimiento de ella misma como creadora de ficción. Leer sus, de momento, dos únicas novelas, ha supuesto un placer comparable a ver crecer un jardín propio.

Una regla que se está imponiendo en las trilogías (los lectores de sagas sabrán a lo que me refiero) es que la segunda parte es un mero puente entre la presentación del primer libro y el desenlace del tercero. O lo que es lo mismo, un relleno necesario y conveniente para hacer caja con aquellos que quedaron enganchados. Por lo que he tenido ocasión de comprobar, la trilogía de Los moradores del cielo rompe con esa molesta (y deshonesta, y sucia, y…) práctica: en Hierro fatuo todo va hacia arriba.

La historia mantiene la coherencia de la primera parte y deja entrever (sin perder el control de los acontecimientos) nuevos detalles de lo que hemos visto y lo que está por venir. Con los protagonistas pasa algo parecido: siguen siendo fieles a lo que ya sabemos de ellos, lo que no les impide seguir evolucionando. El lector, además, tiene la oportunidad de profundizar en sus propios carácteres, enriqueciendo el global de la historia. Y no nos quedamos ahí: la relación entre ellos también sufre por los cambios lógicos de la situación (y por las especiales circunstancias que les rodean). Como es lógico, también aparecen nuevos personajes, del lado de los buenos y de los malos, destacando en acierto e interés a Ysael: todo un torbellino.

Hay un par de cosas que todavía pienso que deben trabajarse con mayor ahínco para lograr que Hierro fatuo tenga un acabado más interesante. Creo que hay una parte del viaje que ocupa varios capítulos y que se podía haber suprimido ya que apenas aporta nada. También me habría gustado encontrarme con unas tramas paralelas más potentes que envolvieran y ensalzaran la trama principal. Por último, echo de menos a un malo más carismático, más rico en matices y menos malo-porque-sí. Son detalles a seguir puliendo y que, de todas formas, no llegan a entorpecer la experiencia lectora en general.

Será un placer comprobar cómo termina esta saga aunque, aviso, la trayectoria ascendente invita a pensar en un final por todo lo alto. No esperaría menos. De momento, ahí queda esta meritoria segunda parte.